La denuncia reveló que el fabricante alemán Volkswagen vendió ilegalmente en los Estados Unidos y en Europa unidades pre-serie que debían haber sido destruidas. El Presidente Herbert Diess sabía de la situación desde 2016 y no hizo nada.

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Volkswagen sigue enfrentándose a Dieselgate y está intentando recuperar la confianza de los consumidores juntos, por lo que cualquier escándalo que ponga en duda esto es siempre perjudicial.

Pero eso es exactamente lo que está ocurriendo, después de que dos publicaciones germánicas anunciaran que el fabricante de Wolfsburg comenzó a vender, en 2006 y a ambos lados del Atlántico, coches que deberían haber sido destruidos.

Se trata de unidades pre-serie, aquellas que habitualmente vemos parcial o totalmente camufladas y que no tienen por qué coincidir con la versión de producción, ya que estos vehículos se utilizan para realizar rigurosas pruebas, con el fin de probar los límites mecánicos y estructurales, por lo que el coche que después de que llegue a los concesionarios reflejará en este trabajo de desarrollo del producto, con las necesarias diferencias.

Según Der Spiegel, las cifras no se comparan con el tamaño de los vehículos afectados por la manipulación de las emisiones (11 millones). La marca asume que” despachó ” 6.700 para los concesionarios, para vender como nuevos o usados, dependiendo del kilometraje, pero Der Spiegel habla de 17.000.

El problema es que, como ha adelantado un portavoz de la marca al Handelsblatt, aunque los coches en cuestión vayan al taller, hay casos que pueden no resolverse con una simple actualización de software. Con el agravante de que, según parece, Volkswagen no documentó lo que tendrían esos coches de “mal” o de diferente, frente a las unidades de serie. Por lo que tiene que haber un nuevo programa de buyback.

Hay que tener en cuenta que vender unidades pre-serie no es un delito, siempre y cuando se sigan los procedimientos establecidos por la ley. En Tesla, por ejemplo, se trata de una práctica habitual.

En ese caso, el cliente es plenamente consciente del coche que está llevando a su casa. Ahora bien, esto no es lo que ocurrió con Volkswagen, que estaría obligada no sólo a informar a las autoridades reguladoras del sector, sino también a los concesionarios, y que éstos, a su vez, pasarían la información al cliente. Nada de esto se ha hecho, asume la marca, lamentando “profundamente el engaño”.

A pesar de las disculpas, la marca corre el riesgo de que las autoridades decidan castigarla de nuevo, con fuertes multas, y de que se enfrente a otra ronda de demandas, impulsadas por los concesionarios o clientes desaviados y perjudicados.

Según Der Spiegel, el máximo responsable de Volkswagen, Herbert Diess, tenía conocimiento de las ventas ilegales desde 2016, sin que hubiera hecho nada para corregir esta situación anómala.

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