Los efectos anti-inflamatorios de una proteína que se encuentra en la piña se suman a nanocelulosa bacteriana. El resultado es la creación de un vendaje en forma de emplasto o gel que puede ser utilizado para la cicatrización de heridas, quemaduras y hasta de heridas ulcerativas. La novedad viene de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Alicante (Uniso) y la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). El trabajo, financiado por la FAPESP, ha tenido resultados publicados en la revista Scientific Reports, del grupo Nature.

En pruebas realizadas en laboratorio, las membranas de nanocelulosa bacteriana fueron sumergidas durante 24 horas en solución de bromelaína, la proteína de la piña. El resultado fue un aumento de nueve veces en la actividad antimicrobiana de la nanocelulosa bacteriana.

“¿Quién tiene lesiones graves sabe muy bien la diferencia que hace un buen vendaje. Él necesita crear una barrera contra los microorganismos, evitando contaminaciones, y también ser capaz de favorecer la actividad antioxidante para disminuir el proceso inflamatorio de células muertas y puse”, dijo Angela Farias Jozala, coordinadora del Laboratorio de Microbiología Industrial y Procesos Fermentativos (LaMInFe) de la Uniso y una de las autoras del artículo.

Con la bromelaína, los investigadores se dieron cuenta de que, además de aumentar la propiedad antimicrobiana de la nanocelulosa bacteriana, también se ha creado una barrera selectiva que ha fortalecido la actividad proteica y otras actividades importantes para la cicatrización, como el aumento de los antioxidantes y de la vascularización.

“Una piel no íntegra, tiene como mayor problema la contaminación. El paciente es susceptible a tener una infección ya sea en casos de quemaduras, lesiones o heridas ulcerativas. La bromelaína crea esa barrera tan importante”, dijo Jozala.

Tanto la nanocelulosa bacteriana como la bromelaína son viejas conocidas de la ciencia y de las industrias farmacéutica y alimenticia. La proteína de la piña se utiliza como ablandador de carne y su propiedad de ruptura de proteínas, conocida por desbridamiento celular, es objeto de interés para la industria farmacéutica.

A groso modo, la bromelaína tiene carácter de limpiar el tejido necrosis de la herida y aún formar una barrera protectora contra los microorganismos.

Sin embargo, al ser una enzima, ella tiene limitaciones de uso en la industria, ya que es fácilmente desnaturalizada y degradada, además de ser inestable en algunas formulaciones.

Ya la nanocelulosa bacteriana puede ser aplicada como reemplazo temporal sobre la piel o como curativo en el tratamiento de lesiones ulcerativas, ya que alivia el dolor, protege contra las infecciones bacterianas y contribuye en el proceso de regeneración del tejido.

Así como la celulosa vegetal, la nanocelulosa bacteriana se produce en forma pura, sin otros polímeros. Esto confiere a ella la capacidad de ser moldeada en estructuras tridimensionales, capaces de retener gran cantidad de agua sin impedir el intercambio de gases.

“Es una biofábrica. La bacteria Gluconacetobacter xylinus, por ejemplo, produce la celulosa como si tricotasse polímeros de glucosa. Lo que hemos hecho en nuestro estudio fue el de potenciar, con la bromelaína, la acción cicatrizante de esta nanocelulosa que ya estábamos produciendo en nuestra plataforma de bioproductos”, dijo Jozala.

La boda perfecta

De acuerdo con el estudio, 30 minutos después de ser incorporada a membranas de nanocelulosa bacteriana, se ha observado una mayor liberación de bromelaína y con mayor capacidad de acción antimicrobiana. Las membranas de nanocelulosa bacteriana actuaron en la selección de la absorción o liberación de bromelaína.

Además de la asociación entre la bromelaína y la nanocelulose bacteriana, el trabajo contó con otra asociación importante. El equipo de investigadores de la Uniso creó, con la ayuda de la FAPESP, una plataforma para la producción y purificación de bioproductos. En este nuevo laboratorio, la nanocelulose bacteriana está siendo producida.

Otro proyecto, también apoyado por la FAPESP, y realizado en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Unicamp, pasó a estudiar la extracción de la bromelaína presente en el tallo y el fruto de la piña.

“Estábamos produciendo nanocelulosa bacteriana, sin embargo queríamos ampliar los poderes curativos del producto. A partir de una reunión con el grupo de la Unicamp, que ya extraía la bromelaína usando cáscaras de la sobra de la industria de pulpa, hemos visto que la junta tenía futuro”, dijo Jozala.

Tanto la producción de bromelaína como de nanocelulose bacteriana – y la parte de la purificación de las sustancias – tuvieron el coste barateado por el hecho de utilizar residuos y residuos de la industria alimenticia, como cáscaras de piña de empresas que producen pulpa de fruta. Ahora los investigadores buscan crear nuevas asociaciones y despertar el interés de las empresas para la producción en gran escala del nuevo vendaje.

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