El auditorio Pablo VI recibirá este domingo a los más de 3 mil invitados del Papa, para un almuerzo que se señala en el II Día Mundial de los Pobres, después de la Misa en la Basílica de San Pedro.

La iniciativa nació en el final del Jubileo de la Misericordia, por voluntad de Francisco.

A imagen de lo que sucedió en 2017, el Papa va a sentarse a la mesa con los pobres, un gesto que se va a repetir en los comedores de muchas parroquias, universidades, organizaciones benéficas y asociaciones de voluntariado que se han adherido a la iniciativa.

El Vaticano ofrece además, a lo largo de esta semana, un puesto móvil de salud, con atención gratuita a personas necesitadas, en la Plaza de San Pedro, incluyendo consultas de medicina general, cardiología, obstetricia y ginecología, podología, dermatología, reumatología, oftalmología y un laboratorio de análisis clínicos.

En su mensaje para este II Día Mundial de los Pobres, celebrado por las comunidades católicas en el penúltimo domingo del año litúrgico, el Papa Francisco alerta sobre las “consecuencias sociales dramáticas” de la pobreza.

“¿Cuántos senderos conducen a formas de precariedad? La falta de medios elementales de subsistencia, la marginalidad cuando se deja de estar en el pleno de las propias fuerzas de trabajo, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos llevados a cabo por la humanidad”, refiere el texto orientador para la celebración de 18 de noviembre.

Francisco subraya que la pobreza no es popular, pero es “creada por el egoísmo, la soberbia, la avaricia y la injusticia”, invitando a todos a un serio examen de conciencia”.

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El mensaje critica la “aversión a los pobres” manifestada por algunos sectores de la sociedad, que los consideran “no sólo como personas indigentes, sino también como gente que trae inseguridad, inestabilidad, desorientación de las actividades diarias y, por eso, de gente que debe ser rechazada y mantenida a lo lejos”.

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