“Quis custodiet ipsos custodes?” En español esta frase se traduce como “¿Quién vigila a los vigilantes?” y en nuestro contexto se traduce como la incertidumbre de saber quién gobierna realmente…

El día 18 del presente mes presenciamos una metáfora muy hilarante pero que, para sorpresa mía, escondía algo más allá que un gato paseándose libremente por una de las cornisas de la cámara congresal; va más allá de una simple comparación de algunos políticos con cierto tipo de roedor.

Nosotros como peruanos deberíamos ser como ese gato y pasearnos por el Congreso para saber que se cuece ahí dentro señores… No hay manera sutil de decirlo, no hay manera sutil de decir que nosotros tenemos la culpa de lo que se hace ahí,  pues somos nosotros quienes sentamos a muchos de los que sentados están en las bancadas, fuese del partido que fuese, fuese de la idea política que impere en la mente del participante congresal.

“¿Quién vigila a los vigilantes?”

“¿Quién vigila a los vigilantes?” una locución latina del poeta romano Juvenal, esta frase se aplica directamente a nuestra sociedad, a nuestra cultura pues, ¿Acaso siquiera nos molestamos en saber que se hace en el Parlamento? Si su respuesta fue sí, lo felicito y lo invito amenamente a compartir su conocimiento sobre el tema político del cual fue espectador, pero si fue no, pues lo invito a que por lo menos, coja una radio, computadora, televisor o periódico e infórmese de lo que se hace con sus tributos, porque sí amigo, usted le paga el sueldo a los congresistas, usted es su “cliente” y vamos a ser sinceros a nadie le gusta que le den un mal producto cuando está pagando por él.

Y sí, todos sabemos que es difícil y que tenemos mucho trabajo por delante, pero nada de esto cambiará si nosotros mismos no cambiamos como ciudadanos, si no nos informamos sobre lo que realmente importa, si no conocemos nuestro gobierno y peor aún si no conocemos a quienes nos gobiernan.

El gato en el congreso, una simple metáfora… Una metáfora que puede ir más allá de un simple felino paseando por una cornisa, una metáfora que puede volverse realidad, si nos convirtiéramos todos en ese gato y paseáramos de vez en cuando por el Congreso.

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