Gordon Sondland, embajador de los Estados Unidos en la Unión Europea, ha sido acusado por tres mujeres de comportarse de manera inapropiada.

Donald Trump

Niega los cargos y denuncia un complot para desacreditar su testimonio en el proceso de destitución contra el presidente.

Tres mujeres acusan a Gordon Sondland de haber tomado represalias contra ellas profesionalmente después de que rechazaran sus insinuaciones sexuales. Las denuncias, reveladas por Portland Monthly y ProPublica, apuntan al actual embajador de los Estados Unidos en la Unión Europea, pero se refieren a una época en la que este testigo clave en el proceso de impugnación contra Donald Trump se dedicaba a la construcción de hoteles en Portland y Seattle.

Sondland niega todos los cargos y acusa a las mujeres de intentar desacreditarlo por su papel en el proceso de destitución abierto por los demócratas contra el presidente Trump. Sondland fue uno de los testigos en las audiencias públicas de la semana pasada.

“Seguimos las órdenes del presidente”, aseguró Trump el diplomático asignado en Bruselas, confirmando que fue un agente de la estrategia del presidente para presionar al líder ucraniano a investigar a Joe Biden, uno de los candidatos al nombramiento Demócrata para las presidenciales de 2020.

“Acusaciones con fines políticos”

“Estas acusaciones falsas de toques y besos no deseados son inventadas y, creo, coordinadas con fines políticos”, respondió Sondland en un comunicado. Y añadió: “No se basan en hechos y los Niego categóricamente”.

Las tres mujeres acusaron a Sondland de agredirlas verbalmente en el lugar de trabajo, de rechazar una inversión previamente acordada y de perjudicarlas en presentaciones profesionales, en represalia por haber rechazado sus insinuaciones sexuales.

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Una de las mujeres, Nicole Vogel, explicó haber conocido a Sondland en una cena en 2003. El objetivo era que el ahora diplomático invirtiera en Portland Monthly, de ella es la dueña.

A pesar de ello, la revista asegura que Vogel no participó en la investigación y que sus periodistas trabajaron conjuntamente con la ProPublica, un grupo de medios sin ánimo de lucro.

Vogel asegura que después de cenar, Sondland la llevó a uno de sus hoteles y la invitó a su habitación, pidiéndole un abrazo. En ese momento, asegura a la mujer, él la habrá agarrado y besado a la fuerza.

La segunda acusación se refiere a 2008. Jana Solis afirma haber conocido a Sondland cuando buscaba trabajo en uno de sus hoteles como experta en seguridad. Solis asegura que cuando le ofreció el trabajo, Sondland la llamó su última “chica” y le dio una palmada en el trasero.

En una segunda cita, Sondland la invitó a su casa y le mostró su anatomía. Y en otra ocasión, la besó a la fuerza en su penthouse.

La tercera mujer, Natalie Sept, también lo acusa de intentar besarla después de una cita en Portland.

El hecho de que las acusaciones se refieran a hechos de más de una década llevó a Sondland a cuestionar en su sitio web “tanto el momento como la fuente de las noticias”, acusando a las mujeres de estar intentando “influenciar los procedimientos en el Congreso”, donde el embajador es uno de los testigos clave. Y prometió procesar las dos publicaciones en cuestión.

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