Después de los de la Weasel, es Taylor Swift la que encontramos en el cartel de la edición de 2020 de NOS Alive, para la que será su debut en Portugal. Siete discos-el último de los cuales, “Lover”, editado este año – y varios éxitos después, trataremos de averiguar cómo llegó hasta aquí. Y también a dónde puede ir.

Taylor Swift

“Los Odiadores van a odiar”. De esta forma, libremente traducida al portugués, Taylor Swift se refiere a sus críticos en “Shake It Off”, una de sus canciones más exitosas – posiblemente la primera que viene a la mente de todos aquellos que no conocen a fondo la obra de la artista. De este modo, muchos de los fans de Swift han reaccionado a los cientos de comentarios hechos en las redes sociales que se oponen a su presencia en la edición de 2020 de “Alive”. “Los Odiadores van a odiar”, que es como dicen, ” tu opinión no cuenta para nada. Es tratar”.

Sin embargo, sin querer entrar en este tipo de cuestiones, hay que decir que tiene mucho sentido que un festival como El nos alivie, que tiene una enorme expresión mediática internacional, quiera traer a los artistas más dedicados a su escenario, ya sean del campo del rock, de la pop o de la música electrónica. Y pocos artistas están hoy tan dedicados como Taylor Swift.

Miras tu carrera y apenas puedes creerlo, el tamaño es el éxito. La historia de Swift no es una de las típicas historias pop, la de la artista que crece en un medio pobre y que, con mucha fuerza de voluntad y alguna ayuda de la industria, consigue llegar a la cima. En la adolescencia, y después de mudarse a la mítica Nashville (la casa de música country en los Estados Unidos), la cantante firmó un contrato con Sony/ATV, la más joven en hacerlo hasta entonces. A los 16, llegó el primer álbum, homónimo, en el que todas las canciones tenían su sello composicional y que permaneció en el top 200 de Billboard durante unas impresionantes 157 semanas.

Comenzaba el fenómeno Taylor Swift, con la bonificación adicional de que todas esas canciones no eran manufacturadas por una industria pop sedienta de intérpretes: eran pequeñas dictaduras autobiográficas, partes de su propia vida – y de la de sus próximos – tocadas en una guitarra y poco más, desde el final de una relación amorosa con su novio de la secundaria hasta la historia de una amiga bulímica. A lo largo de los años siguientes, las muchas novelas de Taylor Swift se traducirían en canciones, a veces en un tono de amargura, hasta el punto de que casi se convertiría en un cliché decir que el final de cualquier relación significaba que vendría música nueva en camino.

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Pero la escena country – y hay varios críticos que escriben que Taylor Swift nunca fue exactamente country, además de tocar el banjo y usar botas de vaquero-era probablemente demasiado pequeña para Swift, ya que sólo tenía expresión de masas en el país donde nació, los Estados Unidos. Había que darle a su música el toque necesario para que ésta pudiera extenderse internacionalmente. “Fearless”, su segundo álbum (2008), fue un paso adelante en ese camino más pop: es donde encontramos “Love Story”, uno de sus singles más exitosos del mundo (más de 8 millones de copias vendidas – y estamos hablando de un sencillo en la era de la piratería y YouTube).

“Fearless” también la llevaría a pasar por uno de los mayores disidentes de su carrera al año siguiente. Dicho de otro modo, su nombre sería conocido por todos: en la ceremonia de los premios MTV Video Music Awards de 2009, Taylor Swift recibió el premio al Mejor Vídeo de una Artista femenina, y su discurso fue interrumpido por el rapper Kanye West – que se rebeló contra el hecho de que Swift había ganado, en detrimento de Beyoncé (cualquier similitud con los comentarios mencionados en las redes sociales es pura coincidencia…). El incidente convirtió a la cantante en una celebridad pop. Y la victoria de Fearless poco después, en la ceremonia de los Grammys del año 2010, consolidó ese estatuto.

No fue sorprendente que “Speak Now”, el tercer disco, batiera récords: fue el disco más descargado de la historia de una artista femenina, a la altura (278.000 descargas en una semana, lo que le valió la entrada en el Libro Guinness), primera mujer en poner 10 canciones en el top 100 de Billboard al mismo tiempo, primer número 1 de Swift en Australia. La gira alrededor del disco, que pasó por cuatro continentes, fue la cuarta más lucrativa de 2011, y la más lucrativa en lo que a artistas femeninas y solistas se refiere. Pero faltaba algo más. Algo que no fuera sólo emoción; algo que apelara al más básico, al físico.

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Ahí es donde entra “Red”, primera señal de la transición de la country clásica a una sonoridad más bailable, editada en 2012. Y poco después de “1989”, el primer álbum pop “serio” de Taylor Swift, publicado en 2014. Éxito inmediato, ayudado también por la coproducción del Gran mago pop del siglo XIX. XXI, el sueco Max Martin (probablemente el más “anónimo” entre los hombres exitosos de la música mainstream). Es el álbum de “Shake It Off”, de “Blank Space”, De “Bad Blood”. Es el álbum que puede atravesar dos escenas aún más distintas que las de country y pop: también consiguió que muchos melómanos y artistas llamados “alternativos” (como Ryan Adams, que lanzó una versión del álbum entero y no de una sola canción) le prestaran atención. Y es el álbum que dio lugar a una de las mejores camisetas / parodias de los Sonic Youth de todos los tiempos.

Con el éxito vino también la exposición. Sus relaciones amorosas con Calvin Harris o Tom Hiddleston fueron ampliamente diseccionadas por la prensa rosa (y más allá). Su falta de participación política – algunos la acusaron de haber ayudado a Donald Trump a ganar las elecciones presidenciales en 2016, por no haber apoyado públicamente a ninguno de los candidatos – también le valió muchas críticas. En 2017, fue noticia el juicio que la opuso a un radialista de KYGO-FM, de Denver, quien la acusó de acosarla sexualmente. La Vicepresidenta la llamó “ídolo nazi”, dados los muchos simpatizantes de la extrema derecha que profesan ser fans de la cantante. Y son varios los casos en que sus casas fueron invadidas por fans más bellos (léase stalkers).

Nada que afectara a alguien que ha decidido hacerse cargo del mundo y que lo ha hecho siempre por su propia muñeca. Con” Reputation”, editado en 2017, fue notoria la ausencia de la cantante de los medios de comunicación tradicionales: nada de entrevistas, de sesiones fotográficas, de declaraciones. Sólo publicaciones en las redes sociales, dirigidas a los fans y a nadie más, valiéndole también una cierta “reputación” por entre la clase periodística – la de alguien sin paciencia para lo que de más crítico se pueda escribir, y con bastante rencor para dar. Lo mismo que guarda-y probablemente lo guardará siempre-para Kanye West, que ha vuelto a generar polémica entre ambos a través del video de “Famous”, donde Swift aparece desnuda junto a figuras como Donald Trump.

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Algo cambió entre” Reputation “y” Lover”, su nuevo álbum, con el que se estrenará en Portugal. El deseo de ser más que una figura pública, tal vez. El deseo de ser alguien con una opinión formada, que pueda llevar al gran público a formar la suya. Volvió a dar entrevistas a la gran prensa. En 2018, mostró-por primera vez-su apoyo a dos candidatos, ambos Del Partido Demócrata: el congresista Jim Cooper y el gobernador Phil Bredesen. Se hace público su apoyo a la comunidad LGBTQ+ y su condena del racismo. Y también su llamamiento al voto: después de que Swift pidiera a la población que no olvidara votar en midterms en 2018, el sitio web Vote.org tiene más de 65.000 nuevos votantes.

Tal vez pase por aquí el futuro de Taylor Swift: conquistado el mundo, faltará mantenerlo. Ya sea a través de la música, la filantropía u otras artes (en diciembre, Swift será parte del reparto de Cats, adaptación al cine del musical de Andrew Lloyd Webber). O a través de la voz y la política. “Lo primero que te enseñan cuando eres un artista country es: no seas como las Dixie Chicks”, dijo, en una entrevista con el periódico británico The Guardian (en 2003, las Dixie Chicks se rebelaron contra George W. Bush y fueron boicoteadas por el público durante años). Y añadió: “quiero hacer todo lo que pueda en 2020”, año de nuevas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Después del estatuto, el coraje. Sobre todo, eso es lo que encontraremos en Algés: el valor de gritar “odiarán a los odiadores”.

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