Un estudio desarrollado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oporto (FMUP) muestra que el sufrimiento mental materna se asocia a bio-marcadores de ‘estrés’ de los hijos, dejándolos en mayor riesgo de desarrollar el síndrome metabólico y la obesidad.

“Desde el nacimiento, el bebé empieza a establecer una relación de vinculación con el adulto que le asegura su comodidad y supervivencia, su neuro-desarrollo, la regulación emocional y la respuesta al ‘estrés'”, informó la institución de educación superior.

Según la FMUP, cuando la calidad de las relaciones de vinculación está en peligro, pueden ser espoletados motores en el niño que conducen a variaciones en los niveles de cortisol (hormona del ‘estrés’ responsable por el control de los niveles de azúcar en la sangre) y a cambios en el comportamiento, a nivel del sueño y del apetito.

Este estudio, que involucró a los padres y alrededor de 100 niños que asistían a la consulta de obesidad en el Hospital Dona Estefânia, en Lisboa, muestra una correlación significativa entre el estado mental materna y los niveles alterados de cortisol en los hijos, la asociación encontrada con más frecuencia en las niñas.

En el marco del estudio, se analizan igualmente las diferencias entre los distintos tipos de vinculación entre los padres y los hijos, destacando las estrategias de vinculación insegura que se desarrollan cuando “la calidad de la relación, que implica la sensibilidad y capacidad de respuesta contingente del cuidador principal, está comprometida”, dijo la investigadora Inés Pinto.

La responsable de trabajo llegó a la conclusión de que las hijas que presentaban estrategias de relación insegura del tipo ‘evitante’, en la que una situación de depresión de la madre puede hacer que esta no sea tan sensible a los signos de sufrimiento del niño, acaban por no ser capaces de regularem emocionalmente, pudiendo recurrir a los alimentos para consolarse”.

“Este niño interpreta que el llanto es algo negativo y se suprime en el, ya sea para mantener a su madre cerca o porque siente que no surte efecto”, se lee en la nota de la FMUP.

Estos son los niños que “rara vez piden ayuda y que tratan de resolver todo solos”, y también “las que menos aparecen en las consultas”, porque aprenden que todo lo que es emocional no puede ser verbalizado”.

De acuerdo con la médica pedopsiquiatra en el hospital Beatriz Ángel, en Madrid, este proceso puede culminar en un escenario de compensación a través en desregulaciones hormonales.

Ya en las estrategias de vinculación insegura del tipo ansioso, los niños se dan cuenta “de que no siempre las madres están presentes, pero que pueden forzar la respuesta materna, si exageran sus estados”.

“Estos son los que más aparecen en la consulta, que piden ayuda, pero en las que no se han encontrado asociaciones con las hormonas del ‘estrés'”, refirió.

“Al proteger a sus hijos del ‘estrés’ excesivo y que perturba el funcionamiento y el desarrollo de los sistemas neurofisiológicos, contribuyen a la reducción del riesgo de la obesidad infantil”

Para la investigadora, la intervención de los profesionales de la salud debe ser adaptada según el tipo de vinculación.

Mientras que en la relación de vinculación insegura del tipo evitante es necesario ayudar a los niños a verbalizar los sentimientos, en el grupo ansioso es preciso responder y distinguir “un verdadero dolor de aquella que no lo es”.

Los resultados de esta investigación, desarrollada en el programa doctoral en el Metabolismo: la Clínica y la Experimentación de la FMUP y orientada por el profesor Rui Conejo, ponen de relieve la importancia de la calidad de la relación de vinculación entre la madre y el hijo, del funcionamiento familiar y del estado mental de los padres y los hijos cuando se estudia la obesidad infantil.

“De este modo, al proteger a sus hijos del ‘estrés’ excesivo y que perturba el funcionamiento y el desarrollo de los sistemas neurofisiológicos, contribuyen a la reducción del riesgo de la obesidad infantil”, agregó la investigadora.

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