Fatiga crónica.- Falta de energía, dolor para todos los gustos (cabeza, músculos, articulaciones, abdominales), trastornos emocionales y visuales, dificultades de concentración, falta de memoria y, sobre todo, una sensación de agotamiento profunda que no se agita ni de pies ni de nada.

fatiga crónica

Si se encuentra con todos estos síntomas (o la mayor parte de ellos), puede padecer una enfermedad rara e incapacitante, que afecta sobre todo a las mujeres, en particular entre los 25 y los 45 años. Hablamos del síndrome de fatiga crónica.

Además de todos los síntomas descritos anteriormente, el impacto en la vida social de los pacientes es tal que, al final, puede incluso obligar a dejar la vida laboral en espera.

“Por desgracia, no hay una sensibilización adecuada sobre la adaptación al trabajo de las personas con ese problema y eso puede llevar a la parada definitiva. La injusticia es inherente a la subjetividad de los síntomas y a la mala interpretación que a menudo los empresarios someten a los individuos”, admite, en Noticias Magazine, Antonio Marinho, médico en el Centro Hospitalario Universitario de Oporto y profesor de Inmunología Clínica en el ICBAS.

Desde luego, porque diagnosticar el síndrome es todo menos simple. “El diagnóstico se hace sobre la base del conjunto de manifestaciones clínicas y de la ausencia de otras enfermedades que expliquen estos síntomas”, subraya Antonio Marinho. Se trata, por tanto, de un diagnóstico de exclusión.

De ahí que incluso las cifras – según la Asociación Nacional contra la Fibromialgia y el Síndrome de fatiga Crónica, hay unos 15.000 pacientes en Portugal – sean falaces.

“El diagnóstico se hace sobre la base del conjunto de manifestaciones clínicas y de la ausencia de otras enfermedades que expliquen estos síntomas” (Antonio Marinho, médico)

“Las cifras globales son poco creíbles, ya que se trata de un síndrome (conjunto de signos y síntomas) sin biomarcadores y que abarca manifestaciones muy comunes en la población en general. Además, es un diagnóstico de exclusión, por lo que es más probable que sean cifras sobrevaloradas.

A estos elementos se añade también la elevada subjetividad de lo que significa para cada persona fatiga extrema”, especifica el especialista en medicina interna.

Hay muchas explicaciones. Ninguna que por sí sola pueda justificar la aparición de la enfermedad. Antonio Marinho resume así: “lo que parece ser unificador es que el “trigger” (gatillo) serán acontecimientos traumáticos significativos, que pueden incluir cirugías, depresión grave, aborto, trauma de la infancia, enfermedades autoinmunes, Enfermedades Infecciosas. Habrá mecanismos inmunológicos neuro-hormonales que condicionan una mayor sensibilidad a la fatiga y al dolor.”Las situaciones de estrés físico, emocional y fisiológico son factores de riesgo.

¿Y cura? Más malas noticias. “En la actualidad no tiene cura y la publicidad de fármacos para la fatiga, sin ninguna evidencia científica, impide muchas veces el enfoque correcto”, alerta Antonio Marino, antes de sugerir consejos que ayuden a afrontar la enfermedad: “El enfoque debe ser multimodal, que incluye la mejora de la higiene del sueño, terapia cognitivo-conductual, medidas de medicina física y rehabilitación (sean fisioterapia convencional, ejercicio acuático terapéutico, ejercicios localizados como el pilates y el yoga, termalismo o ejercicios aeróbicos de bajo impacto mecánico) y, por fin, medidas farmacológicas muy restringidas a síntomas no controlables con las medidas anteriores (p. ej. depresión, dolor generalizado)”.

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