Un estudio realizado por un equipo multidisciplinar de la Facultad de Medicina de Coimbra ha demostrado que la retina puede facilitar el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer, anunció hoy la Universidad de Coimbra (UC).

Alzheimer

La Aretina podría funcionar como un biomarcador no invasivo relevante para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer”, según un estudio innovador, afirma la UC, en una nota enviada hoy a la agencia Lusa.

El Alzheimer se caracteriza por la “pérdida gradual e irreversible de determinadas funciones cerebrales, como la memoria, la atención y el lenguaje”, que representa entre el 60 y el 70% de los casos de demencia, según la Organización Mundial de la salud, y su diagnóstico “no es fácil de hacer”, subraya la UC.

Además de exigir varias pruebas, el diagnóstico se realiza a menudo en una fase moderada o avanzada de la enfermedad y, por tanto, “es urgente identificar biomarcadores subclínicos que puedan ayudar a diagnosticar el inicio de la enfermedad antes de tiempo y de forma fiable”.

Dado que la retina es un tejido del sistema nervioso central (“tiene el mismo origen embrionario que el cerebro”) y se considera una extensión del cerebro, el equipo de investigadores, coordinado por Francisco Ambrosio, exploró el concepto de “retina como un espejo o ventana al cerebro”, es decir — explica la UC –, “la retina puede “mostrar” lo que ocurre en el cerebro en el contexto de la enfermedad de Alzheimer”.

En este sentido, se ha realizado “un estudio longitudinal, único e innovador, con un modelo animal triple transgénico de la enfermedad de Alzheimer (3×Tg-AD), un ratón que posee tres genes humanos con mutaciones asociadas a esta enfermedad neurodegenerativa”. También se utilizó un grupo de control (ratones sanos).

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En cada uno de los períodos de vida del modelo animal (con una esperanza de vida media de dos años), los investigadores realizaron pruebas en las que evaluaron la estructura y la función de la retina, así como la estructura cerebral.

Los resultados, ya publicados en Alzheimers Research & Therapy-“una de las principales revistas internacionales” en el ámbito de la neurociencia y la neurología clínica-indican “la existencia de cambios estructurales y funcionales en la retina y cambios estructurales en la corteza visual del modelo animal 3×Tg-AD”, afirma el líder del estudio.

“Estos cambios neurales pueden utilizarse como un biomarcador adicional para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer”, señala.

“Además, este trabajo refuerza la posibilidad de utilizar el ojo como una herramienta adicional (no invasiva) para el diagnóstico precoz y el seguimiento terapéutico de la enfermedad de Alzheimer”, añade, citado por la UC, Francisco Ambrosio.

Se observó que” la retina, hasta cierto punto, mimetiza lo que ocurre en el cerebro, es decir, en el cerebro hay una reducción del volumen de la estructura del hipocampo (región del cerebro asociada a la memoria) y de la corteza visual, y en la retina también se produce una reducción de su espesor”, explica el investigador.

“En todas las fases estudiadas [4, 8, 12 y 16 meses], se observó una reducción del espesor de las capas más internas de la retina, que se correlaciona con la reducción del volumen del hipocampo y la corteza visual. Esta correlación sugiere que se podría utilizar la retina como otra herramienta para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer”, explica Francisco Ambrosio.

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Posteriormente, el equipo de expertos, compuesto también por Miguel Castelo-Branco, Rui Bernardes e Isabel Santana, realizó estudios con humanos, confirmando “la existencia de algunos cambios en la retina y una asociación positiva entre los cambios en el cerebro y la retina”, afirma Francisco Ambrosio.

Pero advierte:”para una validación sólida de la posibilidad de utilizar la retina como biomarcador, es necesario aumentar el número de pacientes”.

No obstante, considera que el diagnóstico precoz es crucial para un tratamiento más eficaz de la enfermedad de Alzheimer y que el ojo permite realizar pruebas no invasivas, a diferencia del cerebro, “este trabajo es un enfoque muy relevante para la práctica clínica”, afirma.

“A la vista de los resultados obtenidos, sería interesante que los neurólogos consideraran la prescripción de pruebas de retina, por ejemplo, una tomografía de coherencia óptica (en inglés, OCT), un examen de rutina rápido y sencillo, que no es muy costoso, que permite evaluar el grosor de las capas de la retina, contribuyendo así a la validación del método en el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer”, concluye Francisco Ambrosio.

Aunque el estudio se centró en el Alzheimer, puede extenderse a otras enfermedades, como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple lateral amiotrófica.

El estudio se realizó como parte del proyecto “cambios cerebrales en la enfermedad de Alzheimer: ¿la retina es un espejo del comienzo y la progresión de la enfermedad?”, galardonado con el Premio Mantero Belard y los Premios Santa Casa Neurociencias 2015, y también financiado por la Fundación para la ciencia y la tecnología (FCT) y por los fondos europeos (FEDER y compe 2020).

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