El asma afecta a personas de todas las edades. Quién lo tiene sabe que comienza con un sibilancias en el pecho que poco a poco puede aumentar. El aire que entra fácilmente, pero requiere de esfuerzo para salir. Los músculos intercostales y el diafragma tienen que trabajar mucho para ayudar. El acto de respirar, tan vital e inmediato para todos, pasa a ser un acto que produce cansancio y mucho gasto de energía.

Respirar con esfuerzo cansa. Sólo que es un cansancio que se tiene que soportar y afrontar. No se puede detener. No es fácil tener una crisis de asma.

Cuando el aire es expulsado se puede escuchar un “chiado” – o un silbido de bala – que expresa la dificultad de pasar por una vía estrecha demás. Recuerda el sonido del viento pasando por la puerta estrecha de una ventana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 235 millones de personas – niños y adultos – sufren actualmente con el asma en el mundo. En Brasil por ejemplo, los estudios señalan que la prevalencia de asma entre los niños de 6 a 7 años de edad es de 20%.

El asma es una enfermedad crónica e inflamatoria, genéticamente determinada, con enorme influencia ambiental y psicoemocional. Evoluciona con crisis de agudización y mejora.

Las crisis pueden ser desencadenadas por diversos estímulos alergénicos como el polvo, olores o por otros como ejercicios físicos, el estrés o los cambios climáticos.

Estos estímulos encienden un proceso inflamatorio que produce el espasmo de los bronquios. A la luz de los bronquios se estrecha dificultando el paso del aire.

Para entender bien el mecanismo del asma, es importante saber que la respiración tiene dos tiempos: cuando el aire entra – inspiración – y cuando sale, que es a su vencimiento.

En la entrada del aire de los músculos respiratorios se expanden. Ver como su caja torácica queda “grande” cuando usted inspira profundamente. Por eso, el aire entra más fácil en quien está con crisis de asma: los músculos normalmente ya ayudan a hacer este movimiento de “entrada”.

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