Todo era nuevo para mí, no reconocía ningún rostro. Tenía miedo; empecé a sudar frió y me quería ir.

A lo lejos escuché un par de voces que me llamaban, sonreí y empecé a caminar donde estaban ellos sentados; mi equipo; mi nueva familia.

La adrenalina empezaba a apoderarse de mí, cinco minutos por cada pelea…”cinco eternos minutos”, pensé.

Al rato, escuche mi nombre y sabía que era el momento. Me paré en silencio y empecé a estirar…”¿Por qué siempre me meto en estas cosas?”, me preguntaba y los nervios querían traicionar mi cordura. Respiré profundamente y entonces me respondí: “ Lo haces porque quieres y si no crees eso, entonces vete”; sonreí nuevamente.

Escuché nuevamente mi nombre, el momento había llegado…

No recuerdo que pasó, pero todo seguía siendo desconocido para mí. Miraba al público, no dejaba de mirar el reloj; cinco minutos que no veía acabar.

Una voz a lo lejos me daba indicaciones, pero no me podía concentrar. Faltaba menos de un minuto y no podía creer que estaba a punto de ganar, mi mente seguía en blanco y lo único que podía pensar es que no la iba a soltar; entonces la miré, me miró. Ella quería lo mismo, pero yo;  yo lo quería más.

 

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