Un equipo de la Universidad de Alcalá descubrió que los movimientos de los ojos pueden revelar cambios cognitivos en personas con esclerosis múltiple, pudiendo el descubrimiento influir en la elección de tratamientos y técnicas de seguimiento de la enfermedad, reveló este jueves la institución.

En un comunicado enviado a la Portuguesa, de la Universidad de Minho explica que la investigación, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica estadounidense PeerJ, ha demostrado que “los portadores de esclerosis múltiple tienen problemas para llevar a cabo los movimientos más comunes del ojo, o sea, cuando el ojo cambia rápidamente en dirección a algo concreto”.

La esclerosis múltiple, explica el texto, “surge cuando la cobertura de las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal dañada, pudiendo llevar a la doble visión y ceguera en un ojo, además de comprometer funciones coordinadoras generales como la sensibilidad, la movilidad, la fuerza muscular, la audición y la excreción.

“En la práctica, las personas diagnosticadas con la enfermedad llevaron más tiempo para iniciar el movimiento ocular y, después, para fijar con precisión el objetivo visual. Por otro lado, al medir voluntariamente a otra dirección, por ejemplo, para el lado izquierdo cuando una luz brilla en el lado derecho, se muestran más dificultades a hacerlo de cara a la gente que no tiene la enfermedad”, señala la UMinho.

La investigación, cubre el texto, “ha demostrado que los movimientos oculares son un marcador cuantitativo de daños neuronales, al comprometer la capacidad de inhibir o controlar las respuestas impulsivas (o automáticas) de la persona con esclerosis múltiple”.

Según señala el texto, el descubrimiento “puede influir en la elección de los nuevos tratamientos y las técnicas de seguimiento de la progresión de la enfermedad”.

La patología aún sin cura se debe a la combinación de factores ambientales, genéticos e infecciosos, como faltar a la vitamina D, contraer el virus de Epstein Barr y tener algunos genes señalizados.

El tratamiento es multidisciplinario, involucrando a veces fármacos (para prevenir brotes, proteger el cerebro y la progresión de la discapacidad) y, casi siempre, rehabilitación (fisioterapia, gimnasia, natación, entrenamiento cognitivo, actividades sociales, baños de sol), que puede mejorar significativamente la calidad de vida del paciente.

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