Nunca es tarde para hacer cualquier cosa en la vida. Si hay disposición, la voluntad, el interés, la curiosidad ya se hace mucho más fácil lograr lo que se desea. No importa si este deseo se manifiesta o sólo puede ser realizado después de los 60 años, por ejemplo. Y eso es exactamente lo que muchas mujeres por encima de esa edad han hecho: realizado el
el sueño de viajar por el mundo.

Gran parte de las mujeres tiene una vida de trabajo, en relación a los servicios domésticos, la dedicación familiar y jornada de trabajo. Muchas ni siquiera tienen el apoyo de un compañero, y se enfrentan a las batallas de la vida solas. Con esto, muchos sueños se van pospuestas y, a veces, nunca realizados.

Pero algunas mujeres están rediseñando sus vidas poniendo una mochila en la espalda para viajar! Es el caso, por ejemplo, de Iracema Genecco, de 67 años, que ha tenido dos y hasta tres empleos como periodista para crear su única hija. Así que se jubiló a los 60 años, comenzó a viajar por Europa. Encantada con la experiencia y con deseos de conocer nuevos lugares, se ha convertido en mochilera.

La BBC hizo una materia contándonos las historias de mujeres como Iracema y Vera Lucía Andrade, de 69 años, y Flora Continent, de 65. Estas últimas, que han dedicado sus vidas a la familia y al trabajo, decidieron hacer mochilões embargo, después de retirarse. Ellas suspendieron vivir este tipo de aventura por años y ahora cargan en sus mochilas el sueño de conquistar el mundo.

“Entre las buenas experiencias que guardo de los viajes, la mayor de todas es el descubrimiento de que debemos vivir el momento presente de la mejor manera posible, ya que no conocemos el futuro y el pasado nunca será recuperado”, dice Alvaro, que hizo su primer mochilero en 2011.

Sueños en la mochila

Iracema cuenta que, después de visitar a su hija, que vive en Londres, decidió conocer otras partes de Europa. Estaba tan entusiasmada con la experiencia que no puede permanecer quieta en casa. Cuando regresaba de un viaje, ya comenzaba a vislumbrar la próxima.

Con muchos mochilas en el equipaje, ella tomó otra decisión: no tener domicilio fijo. “Fui aumentando gradualmente los períodos de los viajes. Comenzaron con una duración de cuatro meses, después de seis meses, pasó un año y ahora ya no tengo vuelta programada. Gusta de los viajes de larga duración. Voy a una región, me instalo y salgo para conocer los alrededores”, cuenta Iracema.

Entre los lugares más interesantes que los jubilados conoció están la Isla de Pascua, Rusia, Irán. Actualmente, está viviendo en España desde hace nueve meses. Sobre cómo se puede comunicar en lugares tan diferentes, Iracema explica que se había visto en inglés, en italiano y en español – y siempre solicita una ayuda de Google Translate, que nunca la dejó en la mano.

Para vivir en los países por donde pasó, ella usa la jubilación y, también, trabaja a cambio de comida y hospedaje. Algunos trabajos que ella se dedicó han sido cuidadora de perros, jardinería y limpieza de casas.

Claro que no todo son flores, pues Brasil ya pasó por momentos difíciles durante algunos de sus viajes. Ella cuenta que una vez perdió un barco que la llevaría a una ciudad donde ya tenía reservadas dos noches en un hotel. “Me quedé sin rumbo y sin tener lugar para quedarse. Fue la única vez en que me senté en la maleta y me puse a llorar, mientras veía el barco esfumarse en el horizonte”.

Además, la mochilera necesita abrir su cabeza para el acondicionamiento a otras costumbres y otras culturas. Ella dice que no pasa con superfluos, usa el transporte público o pide paseo y sólo la compra de pasajes aéreos en promoción.

Aunque han habido algunas dificultades, Iracema nunca pensó en dejar de ser una mochilera. Ella en la mayoría de sus viajes se encuentra solo, lo que la obliga a resolver los problemas que aparecen en su camino. Sobre esto, ella aconseja: “El miedo es inevitable, creo que él sea nuestro guardián. Él nos advierte de los momentos potencialmente peligrosos.”

Ya Vera Lucía dice que muchos jóvenes se quedaron sorprendidos cuando la encontraron en hostales en un viaje que hizo con el hijo para Europa: de mochilero. Ella se define como una persona de mente abierta, que le gusta mucho leer y aventurarse.

El hijo de ella, el analista de marketing Helder Araújo, al principio no creía que la madre sería su compañera de aventuras. Él llegó a explicar a ella que estarían en habitaciones compartidas en albergues, debido al bajo presupuesto, y que se habrían de utilizar el transporte público. La respuesta de la madre fue: “muy bien”.

Juntos, madre e hijo pasaron, durante 18 días, por Italia, Eslovenia, Croacia y Austria. Helder se sorprendió con la disposición de la madre, que tiene un pique que deja a muchos jóvenes hacia atrás. La jubilada se divierte contando que para comunicarse usaba el Google Translate, porque su inglés no es bueno. Pero esto no la impide conocer gente de todo el mundo.

Para Vera Lucía, el mochilero fue la mejor experiencia de viaje de su vida. “Fue fantástico. Conocí muchos lugares y personas interesantes. Tiene muy joven aventurero, sin miedo de viajar. Esto es increíble”.

Sin miedo de ser feliz

Las experiencias de estas mujeres nos dice que, independientemente de nuestros miedos y de estereotipos, podemos lograr lo que deseamos. Estos logros, si hacen bien a los jóvenes, imagina para las personas mayores que no trabajan más y que podrían estar en casa sin hacer nada interesante, a pesar de estar llenos de ganas de vivir!

Es lo que explica la psicóloga Daniela Zanini sobre los beneficios de los viajes a los ancianos. “Representan estímulos diversos y diferentes de los habituales. Aumentan la red social del adulto mayor, además de mejorar la autoestima, la calidad de vida y el bienestar”, afirma.

Vera Lucía, que cumplirá 70 años, anima a otros ancianos a poner la mochila en la espalda. “La edad no es impeditivo. Hago yoga, el teclado y el baile. Soy una persona muy activa. Tengo una garra para vivir y participar de las cosas. Nunca es tarde para hacer cualquier cosa en la vida. Todo es una cuestión de voluntad”.

Iracema también piensa que otros jubilados deben hacer lo mismo: “El mundo es mucho más grande que el de mi patio. No puedo estar parada en el sofá viendo la TELEVISIÓN. Mientras que conseguir arrastrar mi maleta y mochila por ahí, pienso en seguir viajando”.

Estas señoras están apuntalar disposición, el coraje y el interés por la vida. Si usted puede y quiere conocer a “su patio trasero”, como dice Alvaro, atrévete y pon tus sueños en una mochila!

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