Un niño en Grecia nació con información genética de tres personas: dos mujeres y un hombre. Es el tercer caso en el mundo. El nuevo tratamiento evita el paso de ciertas enfermedades a la nueva generación.

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Un bebé de nacionalidad griega nació con información genética de tres personas diferentes. Es solo el tercer caso reportado en todo el mundo. El niño es el resultado de una nueva forma de fertilización in vitro en la que se combina la información genética de dos óvulos de mujeres diferentes y se combina la célula resultante con el esperma del progenitor. El procedimiento se utiliza para evitar que los bebés desarrollen enfermedades “programadas” en la información genética almacenada en las mitocondrias.

Las mitocondrias son piezas que existen dentro de todas las células del cuerpo humano y que funcionan como pilas, porque son las responsables de almacenar la energía. Ahora bien, dentro de las células hay dos tipos de información genética: la mayor parte de ella, el 99%, está almacenada en el núcleo de las células; y el resto está dentro de esas mitocondrias. Resulta que toda la información genética que tenemos dentro de las mitocondrias nos la pasa exclusivamente la madre. Y es así porque, en el caso de los espermatozoides, se quedan en una parte que por regla general no fecunda el óvulo, por lo que es despreciada.

Al igual que el ADN presente en el núcleo de las células, también la información genética de las mitocondrias puede producir mutaciones que lleven al desarrollo de enfermedades. Este era el caso de este niño griego: la madre era portadora de una mutación en la información genética de las mitocondrias que, si se trasladaba a sus hijos, podía comprometer la salud de los niños. Fue para evitar ese escenario que los padres decidieron entrar en la prueba de Embryotools, una empresa española, y de los médicos griegos.

La técnica se llama “transferencia Pro nuclear” e implica el uso de óvulos de dos mujeres diferentes y el esperma de un hombre. Los dos óvulos de la madre y la donante son fertilizados por los espermatozoides de su padre. Antes de que empezaran a dividirse en varias células para formar un embrión, el núcleo de los dos huevos fertilizados fueron retirados. El núcleo del óvulo fecundado materno fue transferido entonces al óvulo fecundado de la donante – que tenía mitocondrias con información genética sana. El bebé comenzó a desarrollarse con el código genético del padre, la madre y la información genética mitocondrial de la donante, que era saludable y no contenía mutaciones.

El bebé, generado por esta” receta genética”, vino al mundo el martes con 2,9 kilos. La madre griega tiene 32 años. Ellos son los protagonistas de la tercera prueba exitosa con este procedimiento: la primera fue en 2016 en México y la segunda en 2017 en Ucrania.

En el primer caso, Teresa Almeida Santos, presidenta de la Sociedad Portuguesa de las Ciencias de la reproducción, explicó al Observador que el hecho de que el niño tenga información genética de tres personas no influirá en las características que va a desarrollar. La molécula de ADN presente en las mitocondrias es más simple y más pequeña que la cadena genética presente en el núcleo de las células. Sirve para sintetizar algunas proteínas necesarias para la respiración celular, responsable de transformar las conexiones químicas en energía.

Las características físicas y psicológicas del individuo se determinan siempre por el ADN almacenado en el núcleo de las células, es decir, del Padre y de la madre, nunca de la donante, que sólo ofreció la “central de energía” del organismo del bebé.

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