Uno de cada cuatro inmigrantes centroamericanos que intentan entrar en los Estados Unidos por México es un niño y miles migran solas. Sólo en noviembre, un promedio diario de 175 menores cruzó la frontera en completa soledad.

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Emerson José Gutiérrez Andrade tiene 14 años, pero aparenta 12, fruto de un desarrollo corporal limitado que revela su formación.

Emerson llora. Acaba de saber que hoy cruzará ilegalmente la frontera entre México y los Estados Unidos. Siente la angustia de emprender un camino solo.

“Lloro porque me voy de ella”, intenta explicarle a Lusa entre lágrimas. “Me alejaré de ella. Y también porque voy a ver a mi tía”, dice.

“Ella” es Nelly Velásquez, quien ha cuidado a Emerson durante las últimas seis semanas, desde que su madre fue capturada y deportada por los servicios de migración mexicanos en la ciudad de Huixtla, al sur de México, cerca de la frontera con Guatemala.

Todos los inmigrantes de la caravana que se dirige a los Estados Unidos entran ilegalmente en México, país que requiere visado de entrada de sus vecinos.

Desde 2015, México deportó más centroamericanos que los Estados Unidos. Más de 200.000 centroamericanos circulan cada año por México hacia el sueño americano.

Las caravanas de inmigrantes surgieron para superar todo tipo de obstáculos, incluido el deportación.

El día que arrestaron a la madre de Emerson, todos habían cogido un aventón en el remolque Abierto de un camión. Ahí fue cuando los agentes de inmigración consiguieron atrapar a su madre.

“Me sentí solo. Me sentí triste cuando me dieron la noticia de que la atraparon y la deportaron”, recuerda Emerson.

El joven siguió su camino y llegó a Tijuana hace 18 días.

Nelly, una vecina de Tegucigalpa, ha cumplido el papel de madre hasta ahora, porque entretanto ha podido localizar, a través de Facebook, a una tía de Emerson que vive en Chicago como inmigrante legal.

El reportaje de Lusa encontró a Emerson en el campamento de migrantes el Barretal, en Tijuana, justo cuando el niño hablaba con su tía, vía teléfono desde Facebook. Ella lo convencía de que la mejor estrategia era entregarse a la migración de los Estados Unidos. Emerson estuvo de acuerdo y lloró.

“Ahora tengo que hacer lo que mi tía me dice. Tengo que llegar a donde vive porque ella me va a ayudar”, consígame.

¿Pero cómo será esa travesía? “No sé cómo voy a cruzar. Dicen que me llevarán a la migración de los Estados Unidos”, responde.

El plan consiste en pasar por un agujero bajo el muro que separa México de los Estados Unidos, en el mismo punto en que decenas pasaron a lo largo de la semana. En el lugar, la tierra dulce esconde un pasaje, abierto casi todos los días. El ritual ya es conocido por los agentes de la frontera. Saben que los inmigrantes no quieren salir corriendo, sino pedir asilo.

Emerson no quiere volver a Tegucigalpa. No lo sabe, pero Nelly dice que a su madre no le importa. La tía es la única salida. Un plan de escape hacia adelante.

Si regresara a Honduras, Emerson podría caer en las drogas y ser reclutado por pandillas, conocidos como “maras”, que dominan el Triángulo del Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) y reclutan a los jóvenes para el crimen y a las niñas para ser “novias” de los criminales.

Brandon Rene Díaz Alvarado es un adolescente de 15 años. Viene de El Salvador y huye solo de las maras.

“Huí de la muerte”, sintetiza Brandon a la Lusa. “Las maras me amenazaron. Si no me uniera a ellos, me matarían. Pero si yo entrara, sólo saldría muerto. Eso no es vida”, concluye.

Brandon dice que las pandillas querían que cumpliera el papel de águila, como llaman a los que avisan cuando la policía entra en sus dominios.

“Pero sé cómo termina porque mataron a dos de mis hermanos. Yo soy el menor. ¿Por qué arriesgarse? Así que dejé a mi familia atrás. Ellos ya sabían de mi idea y concordaban”, dice Brandon, que hace siete semanas salió solo de la salvadoreña ciudad de Zacatecoluca, cruzó El Salvador, Guatemala y México hasta la frontera, donde llegó hace un mes.

El objetivo ahora es cruzar la frontera, pero si no consigue a Brandon se queda en Tijuana: “a El Salvador, no regresaré”.

Si puedo cruzar, Brandon no sabe a dónde ir: “Sólo tengo un contacto de un pastor en los Estados Unidos”.

El 25 de noviembre, cientos de inmigrantes marcharon a la frontera para presionar a las autoridades estadounidenses a aceptar un asilo masivo.

En un momento dado, un grupo más exaltado intentó cruzar a la fuerza. Rompió parte de la valla y pasó. La policía de fronteras respondió con bombas lacrimógenas de gas sobre la multitud. Un total de 42 personas han sido arrestadas desde el lado de los Estados Unidos.

“Yo estaba allí. Llegué a cruzar unos pasos, pero tenía miedo y no lo hice. Me quedé paralizado de miedo. Un policía me agarró por detrás y me empujó de vuelta al lado mexicano. Tenía la intención de correr, pero el miedo no me lo permitió”, informa Brandon.

Pero el joven salvadoreño quiere volver a intentarlo. “Esta vez voy a correr. Sólo espero una oportunidad”.

Cerca de 15.000 niños migrantes están atrapados en los Estados Unidos en más de 100 albergues privados. La mayoría de estos menores son adolescentes centroamericanos como Emerson o Brandon.

Las leyes de los Estados Unidos limitan el tiempo en que los menores pueden permanecer en prisión. Así que los detenidos suelen ser entregados a parientes cercanos. Sin embargo, alrededor del 80% de estos potenciales tutores estaban en los Estados Unidos de forma ilegal.

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