Los nietos son la luz y la alegría de sus abuelos

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Ellos les inculcan valores y un legado emocional para ser mejores personas

Los nietos son la luz y la alegría de sus abuelos

Los nietos son esas nuevas generaciones que tanta luz y esperanzas dan a cada uno de los miembros de la familia. Ahora bien, en el caso de los abuelos, este vínculo es especial y muy favorecedor para ambas partes.

Hay que pensar en algo importante: a día de hoy llamamos “abuelos” a personas que, en realidad, llevan una vida muy activa, son autónomos y sus corazones siguen siendo jóvenes.

Son personas que disfrutan de su día a día y que acogen a sus nietos de una forma diferente a como lo hacen los padres.

Son muchos los estudios que suelen hacerse para profundizar en si los abuelos tienen también la “responsabilidad” de educar.

Si bien es cierto que en una sociedad todos somos agentes educadores, el papel de los abuelos en una familia tiene unos matices muy interesantes.

El papel del bienestar psicológico

La responsabilidad de educar, de poner normas y de decidir “qué es permisible y qué no” la pautan los padres y las madres. Ahora bien, en el caso de los abuelos, existen unas particularidades que vale la pena señalar:

Los abuelos ya han pasado por esa etapa, porque antes de abuelos han sido padres y han marcado directrices y han cumplido su papel. A día de hoy no quieren ni desean ser severos, decidir qué se puede hacer y qué no.

Lo que prefieren es disfrutar de sus nietos y construir un legado emocional.

Entre abuelos y nietos suele favorecerse una comunicación que va más allá de las palabras, y que se inscribe en los gestos, en los símbolos. Hay complicidad, sonrisas, cesiones y concesiones. Todo ello edifica un adecuado bienestar psicológico donde ambas partes ganan.


Un legado emocional imperecedero

El legado que construyen los abuelos no solo enriquece a los nietos, también los padres y las madres ven nuevas dimensiones en sus progenitores que tal vez desconocían, y que de algún modo, les hace renovar el vínculo. También está el don de saber trasmitir valores, retazos del pasado, de esos recuerdos familiares de otras generaciones que, a su vez, van a ayudar al niño a comprender mucho mejor el mundo y a sí mismo le ofrece raíces.

Otro aspecto interesante es que ese reflejo continuo de los abuelos, de su alegría por vivir, por disfrutar, por trasmitir cuidados y cariño, sirve también para que el niño lleve en su mente lo que supone “envejecer con sabiduría”. Es así como verá el paso del tiempo no con miedo, sino con tranquilidad. Una dimensión interesante que suele darse a nivel familiar, es que los abuelos son siempre ese océano de calma y estrategias para calmar tensiones, discusiones y malentendidos.

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