Los peruanos nos preguntamos ¿por qué no podemos avanzar siendo el Perú, un país inmensamente rico? Porque el peor enemigo de un peruano honesto es otro peruano corrupto. Y son una marea.&

Una gigantezca ola de malnacidos que se mueven por todo el aparato del Estado, ejercitando su magisterio malvado. Diseminando las semillas de la desesperanza, desprestigiando las instituciones y haciendo que el pueblo, pierda la fé en la democracia, deje de ver en ella alguna posiblidad de redención, empujándolo en los abismos de la desesperación. Hasta caer en brazos de los pseudos caudillos que, les ofrecen el cielo y la tierra, a cambio de la servil adhesión, la renuncia a la creatividad y la fuerza personal y el rechazo de las posiblidades de hacer historia, construyendo desde el sueño insobornable, la Patria nueva que anunciaron para todos, los fundadores de la nación.

Nuestros “enemigos” son, en su orden, la Constitución fujimorista-moribunda, enferma, responsable de todos los males, habidos y por haber- los congresistas secuestrados por la cúpula, impidiéndoles legislar y fiscalizar para defender el imperio del derecho y salvar a la nación. Convierten al Congreso en haciendas particulares, en vez de defender los intereses del pueblo, obedecen ridículas instrucciones; o haciendo payasadas para divertirles sus pasiones anormales. En vez de representantes populares, defensores de los derechos ciudadanos, buscan que los Congresos se despretigien así mismos, para desde la vergüenza, derribar el sistema democrático.

Blancos de su maldad, son los partidos políticos (hoy acusados como organización del crimen) que mo solo los hacen los suyos, sino que los destruyen, en la medida en que impiden que, en su interior florezca la práctica democrática.

Como se puede hacer posible el sueño que el pueblo alguna vez sea el dueño del poder. Obstruyen las vías de la voluntad popular, trastocando las relaciones en el interior de los partidos que, los hacen suyos, convirtiendo a los electores en comparsas útiles para la diversión electoral. Les niegan el papel fundamental a las bases, les impdiden a éstas la elección de sus representantes, obstaculizando la posibilidad que ellos, con sus sueños y sus ilusiones, moldeen las expresiones partidarias para que esten a su servicio y solo a su servicio.

Como esto no ha sido siempre así, conspiran contra la memoria popular partidaria, destruyendo todos los vestigios de cuando las cosas eran diferentes. Y eran los hombres humildes reunidos, en asambleas de amplia participación, quienes determinaban que fueran sus servidores.

Pueden estar de acuerdo conmigo o no, pero entiendo que tenemos que hacer algo por nuestro pa

Facebook Commentarios
Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político