Un lente de contacto inteligente es capaz de medir el nivel de glucosa por medio de un análisis de las lágrimas. Los primeros ensayos realizados en conejos fueron publicados en la revista científica Science Advances.

El dispositivo tecnológico contiene un sensor de glucosa minúsculo y un chip inalámbrico que hacen el monitoreo constante. La idea es sustituir las molestas picaduras de los dedos. Quien sufre con diabetes necesita agujerear el dedo de dos a 10 veces por día. Lo que sucede es que muchas personas terminan no haciendo ese seguimiento en la frecuencia adecuada.

La invención sólo es posible porque hay una correlación entre la concentración de glucosa en las lágrimas y en sangre. Esto sugiere que la medición de la glucosa a través de la lágrima es una alternativa al método convencional.

Aún no se sabe cuando los ensayos clínicos comenzarán en humanos, ya que – según las empresas a la parte frontal del dispositivo – este es un proceso técnicamente complejo.

La importancia del control de la diabetes

La diabetes viene creciendo en todo el mundo. De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), en 1980, 108 millones de personas tenían la enfermedad. En 2014, este número saltó a 422 millones.

La Diabetes Mellitus es una enfermedad caracterizada por la elevación de la glucosa en la sangre (hiperglucemia). Un simple análisis de sangre puede revelar la existencia o no de diabetes.

Es importante decir que hay dos tipos de la enfermedad: Tipo 1 y Tipo 2. La diabetes Tipo 1, el tipo más raro, está presente en cerca de 5 a 10% de las personas con diabetes. Ella es una enfermedad autoinmune, o sea, el cuerpo ataca por error a las células del páncreas, causando la destrucción de las células que producen insulina.

Así, la falta de producción de insulina a la sangre, hace que haya una acumulación de glucosa en la circulación, lo que puede traer daños a varios órganos, como la insuficiencia renal, retinopatía o cetoacidosis diabética.

Ya que el Tipo 2 es el más común y es causado por factores genéticos, junto con los malos hábitos de vida, como el consumo excesivo de azúcar y grasa, además del sedentarismo. Todo esto también provoca defectos en la producción de la insulina. A pesar de este tipo es más común en personas con más de 40 años, ha ido creciendo el número de diagnósticos del tipo 2 en individuos más jóvenes.

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