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La República apuntala a Castillo lo pone 10 puntos sobre Keiko

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Cosa de locos , cuanto otras encuestadoras como Ipsos, Datum, CPI, dan un empate técnico entre Castillo y Keiko, la encuesta de IEP, publicada en La Republica, Pedro Castillo supera a Keiko Fujimori por más de 10 puntos, para alegría de “chicho” Mohme. Alguien dijo que las encuestas son como las salchichas: te gustan hasta que sabes cómo se hacen. ¿Falta de credibilidad? ¿Será por eso que cada día pierde lectoría? ¿Qué la gente crea cada vez menos en las encuestas? Según simulacro de votación de Ipsos el 45% votaría por Castillo y el 41% para Keiko. Por qué tanta diferencia? Mientras Ipsos  da 45% para Castillo y 41% para Keiko, CIP un empate técnico ; Castillo 41.9% y Keiko 40%. a quien se le cree? 

No es que las encuestas telefónicas, a través de un sitio, enlace web, por correo electrónico o código QR (ahora no hay presenciales por la pandemia) se equivocan y mucho. Claro que no, las encuestas se hacen al gusto del cliente. Las encuestadoras como IEP, Ipsos, CPI, Datum, siempre encuentran una salida para todo, que la necesidad por entender la estadística, las probabilidades y los números en general es apremiante, ya que vivimos en medio de un bombardeo de información que se vuelve muy difícil de digerir y que, antes de ayudarnos a formar una opinión, suele confundir a la mayoría.

Que en este sentido, es necesario revisar algunas cosas que debemos tomar en cuenta cuando queremos entender las encuestas que vemos, oímos o leemos en los medios de comunicación. Muestra y universo: el mito del “a mí nunca me han encuestado”. Repiten la idea planteada por Gallup “que no tienes que entrevistar a todo el conjunto de personas que quieres investigar (universo) para obtener una estimación confiable”; basta con elegir a un subgrupo representativo de individuos (muestra), siguiendo técnicas estadísticas.

Lo que garantiza la validez de este método es la “aleatoriedad” en las etapas del muestreo y que los individuos del universo tengan alguna probabilidad conocida de ser elegidos. Es así que, con una muestra, podemos estimar lo que piensan los cerca de seis millones de electores limeños con un margen de error conocido. Aumentando la muestra reduces el margen de error, sin embargo, llega un punto en el que el aumento de la muestra no reduce considerablemente este margen.

Una muestra más grande no garantiza un mejor resultado, solo un costo mayor y tiempos poco manejables para cualquier investigación. Si ves una encuesta de 10 mil casos en Lima, no es mejor que una de 500, lo más probable es que sea falsa o no haya seguido métodos científicos en el muestreo. Para estimaciones en Lima se trabajan muestras de entre 500 y 1000 casos, para nivel nacional muestras de 1000 a 2000 casos, ¿se entiende entonces por qué es sumamente probable que millones de personas no hayan sido encuestadas?

En la primera vuelta  electoral estas mismas encuestadoras no registraban a Pedro Castillo de Perú Libre sin  embargo fue la sorpresa en las elecciones del 11 de abril, dejando en segundo lugar a Keiko Fujimori. ¿Qué hubo una falla en el diseño y la ejecución de los sondeos? ¿Cómo se pueden considerar una  herramienta fiable? ¿Las encuestas se «cocinan»? Veamos, trataré de responder a estas cuestiones por mi experiencia en el campo:

¿Por qué se cuestionan las encuestas?  Muchos ciudadanos están dejando de confiar en los sondeos ¿eres tu uno de ellos? Quizá razón no te falte, porque en los últimos años todas las encuestadoras aquí en el Perú  nos han sorprendido negativamente con enormes errores de predicción en los resultados electorales.

¿Será que las encuestas se equivocan porque la sociedad es cada vez más compleja y las tendencias de opinión pública resultan cada vez más difíciles de calibrar? No, lo creo. Lo que sucede es que en su diseño y desarrollo también podemos encontrarnos errores de medición o procesamiento a la hora de analizar los datos. Estos errores dan lugar a encuestas de resultados engañosos.

La calidad de una encuesta depende de la muestra y ésta puede fallar por ser pequeña o por estar limitada a ciertos grupos que no reflejaban plenamente el electorado real. Además, los investigadores deben informar del margen de error de su encuesta. Si una encuesta afirma que el que el 56% de los encuestados prefieren un candidato pero el margen de error es del 5 %, no podemos concluir que la mayoría del electorado prefiere a dicho candidato, ya que el porcentaje real podría ser del 51%. También existe el sesgo del encuestador, cuando se realizan preguntas sesgadas. Lo raro es que ahora todas las encuestas tiene un margen de error de 3%:

Existe una teoría llamada “la espiral del silencio” o “voto escondido”, en la que los electores no expresan sus preferencias en público ya sea por miedo o por vergüenza. Hay personas que optan por no declarar a quién van a votar porque son conscientes de que su elección está socialmente mal vista. Uno de los efectos de “la espiral del silencio”, es la infraestimación de los resultados. Pero el voto oculto también puede deberse simplemente a la población indecisa que a medida que va acercándose el día de la elección va definiendo su voto.

Las encuestas se enfrentan a un problema doble: saber si la gente prefiere votar a uno u otro candidato, y saber si esa persona va a ir a votar o no. Es posible que el voto voluntario sea una variable de peso, ya que obedece más a como se dé el día de la votación o a un voto estratégico de última hora (si está seguro de que su partido va a perder/ganar estará más o menos inclinado a votar).

Existen errores a la hora de ajustar y ponderar los resultados de la encuesta en base a la población estudiada, y errores de procesamiento de datos. Esto es cada vez más importante por la baja tasa de respuesta que tienen las encuestas actualmente. Las encuestas confiables y transparentes han de publicar estos métodos con claridad.

Las encuestas tienen problemas a la hora de recoger cambios de tendencia muy rápidos que son difíciles de predecir y pueden actuar como hecho coyuntural que anime a ir a votar a aquellos ciudadanos que no lo tenían previsto ininicialmente (por ejemplo: crisis económica, intensidad de la campaña, escándalos, etc).

Las encuestas son fotos fijas del momento. Cuando más tarde se realizan, mayor será la posibilidad de capturar los efectos de los eventos de última hora. Sin embargo, algunos países (como España), prohíben la divulgación de las encuestas días antes de las elecciones porque -como hemos dicho antes- éstas pueden influir en el ánimo del elector.

El dato bruto de «intención de voto directo» que recogen las encuestas no suele ser un buen pronóstico del resultado final de las elecciones. Como hemos visto anteriormente, la encuesta no puede realizarse sobre la totalidad de la población (esto sería imposible), sino que se toma una muestra representativa de ella, y además existe un número importante de personas que no declaran su voto por razones diversas (¡que puede llegar hasta el 40%!).

Los analistas corrigen estos sesgos a través de lo que popularmente se conoce como “la cocina”, procedimientos que deberían ser estandarizados y con base estadística para permitir proyectar la intención de voto en unas próximas elecciones (“estimación del voto»), una aproximación más realista a los resultados finales. Esta práctica en sí misma es legítima y habitual, otra cosa es que la metodología sea poco transparente -que no se explique- o sea deficiente.

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