En este angustioso estado de coronavirus nos constriñe agobiante, el descubrir que la corrupción nos rodea sigilosa y afanante en el día a día sin tregua y aquí no pasa nada.

El robo, la coima, la estafa sistemática y el despilfarro generalizado son lo habitual; las cloacas de la corrupción se tragan cantidades insospechadas de dinero, que, como ya nos van teniendo acostumbrados, salen a escurrirse por los bolsillos de esta casta de sabandijas y sanguijuelas instalada en cargos públicos… sin que nadie ponga el dedo en la llaga.

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Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político