La contaminación sonora es un problema más grave de lo que puede parecer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el ruido es un tema serio, ya que la contaminación acústica afecta directamente a la calidad de vida de millones de personas.

En un reciente informe, la organización ha establecido recomendaciones de niveles máximos de ruido en lugares públicos como forma de luchar contra las enfermedades derivadas de la influencia del estrés sonoro.

Uno de los documentos que sirvieron de base para las recomendaciones asocia el exceso de ruido de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares, déficits cognitivos en los niños, zumbidos en los oídos, trastornos del sueño, daños en el aparato auditivo e incluso la obesidad.

EL ESTRÉS COMO FACTOR

Según la OMS, la contaminación sonora desencadena reacciones de estrés en el cuerpo que llevan a diversos daños.

“Los efectos fisiológicos del ruido son generalmente inducidos por dos sistemas diferentes, el eje de la médula de la glándula suprarrenal y el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HHA)”, explica el documento. El eje de la médula de la glándula suprarrenal es activado por una “reacción en cadena que conduce a la excreción de adrenalina y noradrenalina”.

“El mecanismo prepara el cuerpo para la lucha o la huida, movilizando la energía en los músculos, el corazón y el cerebro y reduciendo el flujo de sangre en los órganos internos”, lo que deja el cuerpo humano en estado de alerta, explica el documento.

Ya la hiperactividad del eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HHA) se asocia a situaciones de estrés crónico, cuando el cuerpo secreta la hormona cortisol. Sentimientos de angustia, ansiedad y depresión están asociados a este cuadro, señala el informe. O sea, la exposición recurrente a mucho ruido provoca la liberación contexto no reglamentado de hormonas, lo que afecta negativamente el organismo.

La OMS recomienda que una persona no esté expuesto a más de 30 decibelios-ponderados (dB(A)) en la habitación de dormir. Igualmente, se recomienda que las escuelas limiten el ruido en la sala de clases a menos que 35 dB(A), para garantizar condiciones de enseñanza ideales.

Por ejemplo, zero dB(A) es considerado como el punto en el que una persona comienza a escuchar los sonidos. Un susurro a unos 90 cm de distancia equivale a 30 dB(A). Una autopista, a 15 metros de distancia corresponde a cerca de 80 dB(A). Ya una motosierra llega a un máximo de 110 dB(A).

La exposición a sonidos que superen los 120 dB(A) sin el uso de protección puede causar dolor físico.

LA OBESIDAD Y EL RUIDO

El investigador del Instituto Karolinska de Suecia, el dr. Andrei Pyko, estudia los efectos de la contaminación acústica en la salud humana y sus levantamientos, sirvieron de base para las recomendaciones de la OMS. Se encontró que hay una relación entre la exposición al ruido del tráfico y la obesidad.

“El ruido del tráfico, por ejemplo, puede influir en las funciones cardiovasculares y metabólicas, por medio de los trastornos del sueño y estrés crónico. El sueño es un importante moderador de la liberación de hormonas, la regulación de los azúcares y de las funciones cardiovasculares. Los trastornos del sueño pueden afectar a las funciones inmunológicas, influir en el control del apetito y el gasto de energía, así como aumentar los niveles de la hormona del estrés”, explicó a BBC Brasil.

“En nuestro estudio, hemos visto que el ruido del tráfico por carretera se ha relacionado con la circunferencia de la cintura, con un aumento de 0,21 cm por 5 dB (A). Esto significa que una persona en promedio de nuestros datos había 0,21 cm de circunferencia de la cintura mayor en comparación con aquellos expuestos 5dB (A) a menos de ruido”, dijo Pyko.

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