El 21 de mayo del 2018 en pysnnoticias.com señalaba que “La quema de libros tiene una historia larga y siniestra en nuestro país, que se vincula normalmente a actitudes intransigentes y totalitarias, que achacan a la libertad de prensa y libertad de expresión determinados males de la sociedad, especialmente en sus aspectos políticos y religiosos”.
Javier Alva Orlandini
A lo largo de nuestra historia se ha magnificado la importancia de manuscritos y libros impresos en la difusión de las ideas y se han quemado bibliotecas enteras y títulos significativos y, en muchos casos, también a sus autores.
Lo curioso es que muchos historiadores y cronistas la ocultan por intereses políticos. Y después de muertos los zamarros lo convierten en demócratas, etc. etc. Muchos jóvenes ignoran las atrocidades políticas sucedidas en el primer gobierno del Arq Fernando Belaunde, a quien muchos lo tildan de un gran demócrata. En mi biblioteca encontré una revista Caretas de 1967:
Desde la ‘Odisea’ de Homero hasta la saga de Harry Potter, el libro ha sido la víctima de todo tipo de ideologías y fanatismos. Y es que la censura y persecución al libro es tan larga como su historia misma.
Que las obras de Martín Lutero sean quemadas por orden del papa Pío X en la época del oscurantismo de la Iglesia Católica puede entenderse en el contexto histórico. Pero en pleno siglo XX, también se censuraron y prohibieron libros como ‘Ulises’ de James Joyce o ‘Fausto’ de Goethe. En 1988, ‘Los Versos Satánicos’ de Salman Rushdie desataron tanta ira en el mundo musulmán que el autor tuvo que vivir oculto hasta 1998.
El Perú no ha estado ajeno a esta historia. “El ejemplo de mayor relevancia es la prohibición de ‘Comemtarios Reales’, de Garcilaso de la Vega, por orden del virrey (Agustín Jáuregui y Aldecoa) en 1782, tras la rebelión de Túpac Amaru II”, precisa el escritor Ricardo González Vigil.
En 1889, la primera novela de Clorinda Matto de Turner, ‘Aves sin Nido’, en que se denuncia los abusos a los que eran sometidos los indios, por parte de la Iglesia Católica, le valió a la autora no solo el título de hereje sino también su excomunión.
Pero nada escandalizó tanto como la denuncia que hiciera el reconocido librero Juan Mejía Baca, quien acusó al entonces ministro del Interior del gobierno de Fernando Belaunde, Javier Alva Orlandini, de haber firmado una autorización para la quema de libros considerados subversivos en 1967. Entre los libros incinerados se encontraba ‘El Mundo es Ancho y Ajeno’, de Ciro Alegría, y algunas malas lenguas dicen que también ‘La Caperucita Roja’.
¿Y en el gobierno de Velasco? González Vigil cuenta como anécdota que durante el régimen de Velasco Alvarado se limitó la entrada de historietas como El Pato Donald y Mickey Mouse por considerarlas imperialistas (Alejandra Veas).
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Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político