Golpes del destino

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Thailand 2016Aún recuerdo como empezó todo, como mi vida dio un cambio de 360° grados.

¿Yo haciendo deporte? . Yo, quien evitaba a toda costa las clases de educación física en el colegio. Yo quien lo más próximo a hacer deporte, era correr al paradero para no perder el bus en las mañanas ajetreadas.

Muchos hablan del primer amor, y pues el mío llego a mis 19 años.

Parecía ser un día cualquiera, en hora punta y yo parada esperando que pase mi carro por más de 20 minutos.

De repente escuché mucha bulla; mi usual curiosidad me llevo a acercarme y ver qué pasaba, era un lugar muy descuidado, gente gritando, sudando y la mayoría eran hombres. Un par de sacos antiguos, llantas en el suelo, sogas colgadas y un par de equipos viejos llamaron mucho mi atención. Me acerqué a preguntar que era, y sí, eran clases de muay thai.

“¿Muyyy thai, muaylai? ¿Qué es eso?- repetí.

Recibí un par de folletos que nunca leería, pero ese nombre raro se me quedó grabado por un buen tiempo.

Un día decidí tomar la clase de prueba y pues dada mi inexperiencia en el ámbito deportivo, derroché vergüenza y muy fiel a mi estilo no quise regresar, pero luego escuché esa palabra bendita que hasta el día de hoy me brillan los ojos cada vez que la escucho, “Bueno muchachos, hoy es día de sparring”.

“¿Sparring? ¿Qué es eso?”; no lo sabía, pero estaba a punto de conocer la felicidad.

Me sacaron la mierda, sí. Que más podía esperar. Me golpearon muy fuerte y hasta el día de hoy creo, que eso fue lo que me hizo regresar.

Y así fue, desde ese día no dejé de ir, me dolía todo el cuerpo, me dolía la mente, el orgullo, pero mi terquedad me hizo continuar, algo dentro de mí ya sabía que no iba a parar.

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