Publicado en 1818 y escrita por Mary Shelley, Frankenstein completa ahora 200 años. La historia del monstruo fue inspirada por los acontecimientos de esa época. La ciencia, la cultura, la energía, la salud y la ciencia: todo interconectado entre sí, para explicar el origen de uno de los personajes más aterradores de todos los tiempos.

El día 17 de enero de 1803, George Forster fue ahorcado por asesinato en la prisión de Newgate, en Londres. Después de la muerte, su cuerpo fue transportado ceremoniosamente por la ciudad hasta el Royal College of Surgeons, donde sería públicamente disecado.

Sin embargo, ahora se sabe que lo que realmente sucedió fue más impactante que la simple disección: Forster ha sido electrocutado.

El descubrimiento fue hecho por el filósofo italiano Giovanni Aldini, sobrino de Luigi Galvani, que descubrió la “electricidad animal” en 1780, o en el campo de galvanismo. Según el diario The Times, en la primera aplicación de este proceso en el rostro de Forster, la mandíbula del fallecido tembló, y los músculos adyacentes estaban terriblemente retorcidas y abrió los ojos. En la fase posterior del proceso, la mano derecha levantó las piernas y los muslos pudieron.

Cuando Aldini realizó todas estas experiencias en el criminal, analizando Forster a la lupa, la idea de que había una relación peculiar entre la electricidad y los procesos de la vida era ya conocida desde hace, por lo menos, un siglo. Por cierto, Isaac Newton especuló sobre este tema a principios de los años 1700 y 1730, el astrónomo inglés Stephen Gray demostró el principio de la conductividad eléctrica.

Pero había, también, varios opositores a esta teoría. Alessandro Volta, por ejemplo, afirmó que la “electricidad animal” era producida a través del contacto con metales, en vez de ser una propiedad del tejido vivo. Para defender su teoría, Aldini realizó sus experiencias en Forster.

La idea de que la electricidad era un material de la vida y que podría ser usada para traer de vuelta a los muertos captó desde temprano la atención de Mary Wollstonecraft Shelley, y tendrá inspirado la autora de “Frankenstein” a escribir la emblemática novela.

Pero, volviendo a las experiencias de Aldini, podemos afirmar que éstas eran capaces de captar la atención de todos – tanto la positiva como la negativa. Unos gozaban de Aldini, que defendía que la electricidad era capaz de resucitar a los muertos, otros llevaron esta idea muy en serio.

Fue el caso del profesor Charles Wilkinson, que ayudó Aldini en sus experiencias, argumentando que el galvanismo era “un principio energizante, que forma la línea de distinción entre materia y espíritu, constituyéndose en la gran cadena de la creación, el vínculo que se encuentren entre la sustancia corporal y la esencia de la vitalidad”.

En 1814, el cirujano inglés John Abernethy, hizo una declaración muy parecida en la conferencia anual de Hunteriana en el Royal College of Surgeons. En su conferencia, Abernethy, afirmó que la electricidad era una fuerza vital. Por otro lado, su colega cirujano William Lawrence defendió que no era necesario invocar una fuerza vital para explicar los procesos de la vida, iniciando así un debate encendido.

Mary y Percy Shelley, esposo de la autora, sabían sin duda los detalles de todo este debate – porque Lawrence era su médico de familia, explica el Popular Science.

“Frankenstein” fue publicado en 1818 y, a esta altura, los lectores ya estaban familiarizados con la noción de que la vida podría ser creada o restaurada con electricidad.

Sólo unos meses después del lanzamiento del infame libro, el químico escocés Andrew Ure realizó sus propias experiencias eléctricas en el cuerpo de Matthew Clydesdale, un individuo que había sido ejecutado por asesinato. Según Ure, cuando el hombre fue electrificado, “cada músculo reaccionó como si hubiera sido una acción de miedo, rabia, horror, desesperación y angustia”.

La verdad es que si Frankenstein parece de fantasía a los ojos modernos, el autor y sus lectores originales sabían que no había ninguna fantasía detrás de esta misteriosa obra. La ciencia detrás de Frankenstein nos recuerda que en los debates actuales tienen una larga historia detrás y que, en muchos aspectos, los términos de los nuestros debates son determinados por el pasado.

Fue durante el siglo XIX que las personas comenzaron a mirar hacia el futuro con otros ojos, a través de la ciencia y la tecnología. Novelas como Frankenstein, en la que los autores hacían de su futuro, el ingrediente principal de su presente, eran un elemento importante en esta nueva forma de pensar en el mañana.

Así, analizar la ciencia que hizo Frankenstein parecer tan real en 1818 podría ayudarnos a mirar con más cuidado a las formas en que pensamos en la actualidad acerca de las posibilidades y los peligros de nuestro futuro.

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