Fortnite, el videojuego de moda entre niños y adolescentes genera miedo entre los padres. Pero algunos dicen que no es tan malo.

Fortnite

“Tiene valores educativos”, dijo Rebeca Díez Somavilla, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Politécnica de Valencia, al País.

Battle Royale, el modo Fortnite más popular, es un juego de estrategia que enfrenta a cien jugadores en línea, solo o en grupos de hasta cuatro personas. Aterrizan en una isla, que se encoge a medida que el juego avanza – como máximo 20 minutos -, durante los cuales tienen que encontrar armas y materiales para sobrevivir.

Cada joven juega desde su consola y habla a través de auriculares de oído con un micrófono. La capacidad de comunicación en línea es uno de los factores detrás de la popularidad de Fortnite, con 250 millones de jugadores registrados, según los datos más recientes facilitados por el creador, Epic Games.

El juego es accesible a todas las consolas y teléfonos móviles y es gratuito, aunque se pueden comprar dentro del juego. Está recomendado para mayores de 12 años, pero muchos niños, especialmente los niños, se vuelven adictos desde el 9. Desde fuera, los padres ven a los niños absortos en una pantalla de la que es difícil separarlos. Ven diversión y satisfacción cuando ganan o se enfrentan a desafíos del juego.

Pero, además, los niños “interactúan con amigos, toman decisiones rápidas y de forma autónoma, se organizan, crean problemas en grupos, aprenden sobre responsabilidad compartida, fijan objetivos y administran tiempo”, evalúa Cristina Isasi, psicóloga del centro Psimebi en Bilbao. El Fuerte ayuda a desarrollar la capacidad de planificar y corregir los cambios en las circunstancias, la atención y la concentración.

Díez Somavilla, autor de una tesis de doctorado sobre valores y competencias educativas en videojuegos, añade “creatividad, descubrimiento y trabajo de mejora, que ayuda a la autoestima”.

Todo esto ayuda a los niños a desarrollar “habilidades digitales y emprendedoras, pero también sociales y cívicas, porque hay normas que respetar, algunos colegas con los que hay que crear una asociación y ser honesto”, dice el experto. “A menudo Aprendemos con simuladores o enfoques para resolver problemas, y los juegos son así, pero se divierten”, dice el padre de Dani, Raúl Cals, entusiasta de los juegos desde que era niño.

Hasta entonces, todo parece positivo. Pero otros puntos plantean dudas entre los padres. “No me gusta la historia, siendo el último sobreviviente en matar a todos sus adversarios. No parece muy apropiado”, dice Gloria Ortega, cuyo hijo de nueve años Pablo se define como un profesional.

Matan, pero” no es sangriento, tiene un estilo más cercano al cómic”, dice Isasi. “Cuando se juega un juego, se acepta el código moral interno, las reglas, y en este caso, se mata en el juego, pero los niños son conscientes de que cuando cuelgan, otras reglas se aplican”, explica.

Poder formar equipos y comunicarse a través del chat, tiene, como otras redes sociales, una doble cara. Por un lado, no juegan solos, aunque físicamente sí. “Ellos socializan, pueden conocer gente de todo el mundo, incluso practicar el inglés”, dice Díez Somavilla. Pero al mismo tiempo, “el que no juega queda fuera”.

“Existe el peligro de no saber con quién están contactando”. Por esta razón, Isasi considera muy importante “enseñarles a no jugar con nadie, sólo con conocidos de la vida real, y nunca dar información personal a través del juego”.

Pero lo que más preocupa a los padres es la capacidad de la Fortnita de involucrar a los niños. “Me pareció súper adicto y eso los hizo muy agresivos”. “No me gustó la forma en que hablaron, noté mucha ira cuando los mataron o cuando los otros no hicieron lo que querían”, una madre lo describe.

El control de las reacciones es fundamental para evitar problemas como el abuso y la adicción, dice Isasi. “Hay algunos casos serios de dependencia, pero hay que ver cómo llegó allí. Hay muchos otros factores además del juego, como la falta de alternativas de ocio, las escasas relaciones sociales, la falta de límites en casa o dificultades en la vida real”, afirma.

“Al tomar conciencia y establecer normas, generalmente se resuelve”, asegura Mercedes Excavy, profesora de secundaria en Murcia, que cree que es necesaria una mayor supervisión por parte de los padres. “A menudo llegan a la escuela medio dormidos y reconocen que juegan de noche, cuando sus padres no los VEN, hasta las tres de la mañana”.

“A veces los padres se sobrecargan, porque no saben cómo controlar a los hijos que les gustan tanto los juegos”, dice Lucía Galán, pediatra. Galán explica las “líneas rojas”: cambios de comportamiento, trastornos del sueño, horarios de comidas y menor rendimiento escolar.

Los expertos explican que todos los juegos están diseñados con un sistema de recompensas y Refuerzos para que podamos seguir jugando. Pero no creen que Fortnita sea más adictiva que otros, es lo que está de moda.

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