Érase una vez un reino que gritaba más fuerte un gol que una injusticia. En dicho país habitaban unas bellas criaturas llamadas akaviri, cuya hospitalidad y benevolencia era tal que incluso se decía, eran los más amables del continente.

La región se consideraba como una de las más ricas a nivel global y además, poseía recursos para ser una potencia… Pero no lo era.

Este reino era gobernado por un Consejo daédrico, cuyo principal lider era un principe abisal… Se suponía que había un rey… Pero éste no ataba ni desataba, incluso se desentendía de sus propios súbditos.

Un día la corte juzgaba a un ladrón acusado de robarle una bella cinta rozada a una de los habitantes del reino, éste infame ser pago 100 monedas de plata a cambio de su libertad y adivinen que… Salió en libertad. Luego ese ladron se convirtió en parte del Consejo del reino.

El pueblo hizo por aquella vez la vista gorda. Sin embargo un viejo sabio entre ellos, que era tildado de loco, comenzó a hacer seguimiento a las resoluciones de dicha corte.

Lo que encontró fue fascinante… Miles y miles de monedas de oro en el suelo del Consejo, que eran traidos por el mismo juez. Al enterarse de esto llamo a la multitud para organizar una manifestación y vaya que muchos fueron, pero la mayoría aun seguía viendo su partido de fútbol.

Y aunque los guardias del reino estaban a la merced del mismo, varios de ellos estaban comenzando a despertar del control hipnótico del principe abisal.

Érase una vez en un reino muy lejano, un reino parecido al Perú

(La historia esta incompleta, porque nos toca a nosotros decidir como terminarla, Felices Fiestas Patrias)

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