Un meta-análisis en los Estados Unidos ha demostrado que, por término medio, más de la mitad del peso perdido se recupera en 24 meses.

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Empiezas el año comprometido y motivado para cambiar el estilo de vida. Perder peso es uno de los principales elementos de su lista de objetivos para 2019. Entonces se matricula en la academia e inicia una dieta estricta, poco calórica, con disminución del consumo de grasa, carbohidrato y azúcares.

Sin embargo, después de un corto espacio de tiempo, va haciendo pequeñas concesiones alimentarias en fiestas, deja de hacer ejercicios físicos con tanta regularidad y, cuando ve, recupera el peso que perdió inicialmente. Y esa situación puede convertirse en un verdadero problema cuando se da cuenta de que cada año es así. El “engorde y adelgazamiento” se llama efecto sanfona.

“Ese es un reto al que nos enfrentamos todos los días en el cuidado de los pacientes. El regaño de peso presenta grandes variaciones individuales. Según estimaciones, cada año, el 42% de la población mundial intenta perder peso. Aunque la pérdida inicial tenga éxito, muchas personas recuperan el peso con el tiempo y sólo una pequeña parte será capaz de mantener el patrón en los próximos años”, explica la endocrinóloga Livia Marcela, maestra endocrinológica de la Unifesp.

Un meta-análisis en los Estados Unidos, que evalúa 29 estudios de dietas hipocalóricas aplicados con o sin ejercicios de seguimiento en un plazo de dos años, ha demostrado que, por término medio, más de la mitad del peso perdido se recupera en 24 meses. Incluso los pacientes que recurren a la cirugía bariátrica pueden tener el regaño de peso.

Pero, ¿por qué algunas personas no pueden mantener el peso perdido?

“Muchos factores están implicados: biológicos, incluyendo genética, cuestiones hormonales, historia de expansión del tejido adiposo a lo largo de la vida, factores ambientales, gastrointestinales, conductuales e incluso socioeconómicos”, enfatiza a Livia Marcela.

El cardiólogo Guillermo Renke, que también es endocrinólogo, llama la atención sobre otras consecuencias del efecto sanfona, como los problemas cardiovasculares. “Con las repetidas pérdidas se produce un déficit progresivo de masa muscular y un aumento de la masa de grasa corporal causando lo que llamamos un cambio metabólico del set-point. A partir de ese momento, la tasa metabólica cae de forma importante y varias hormonas producidas por la grasa corporal se vuelven prevalentes como el TNF y citocinas inflamatorias que generan una inflamación crónica global y aumentan el riesgo de lesiones vasculares”, evalúa.

¿Cómo evitar el efecto sanfona?

Cuando bajamos el peso sólo con dieta, sin ejercicio físico, perdemos masa grasa y delgada. “Ese punto de perder masa delgada ya no es tan bueno. A medida que perdemos músculo, nuestro gasto calórico basal disminuye y se vuelve más fácil ganar peso”, aclara la endocrinóloga Livia Marcela.

En opinión del cardiólogo Guillermo Renke, lo ideal es enfrentar el cambio de vida con un profesional: “obviamente, cada individuo tiene una necesidad diferente, así que nunca siga una dieta de la moda estándar, porque la oportunidad de equivocarse es enorme. Mantener hábitos saludables al menos en el 80% de su semana y practicar ejercicios regulares son grandes aliados en la prevención de enfermedades cardiovasculares”.

Sobre la frecuencia en la academia, la que estaba más intensa a principios de año, pero que ya está disminuyendo, la endocrinóloga Livia Marcela hace una advertencia: “a veces ni siquiera te rindes con todas las letras de la academia.

Está pagando, pero va muy poco. La peor noticia es que cuanto más hacemos la famosa “sanfona”, más difícil es perder peso. Cuando recuperas peso, normalmente el porcentaje de grasa que vuelve es mayor que el de masa delgada. Eso hace que cada vez nuestro gasto metabólico sea menor”.

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