Los primeros vídeos de Elite la hicieron ser comparada con numerosas series de adolescentes. El guión de la nueva empresa de Netflix se centra en los dilemas y la vida de los adolescentes que estudian en una escuela de alto nivel de Europa. Chismes, traiciones, misterios, amistades, chicos, sexo y un asesinato. Todo esto se mezcla y automáticamente series como Gossip Girl, puerto de la cruz, 13 Reasons Why y muchas otras vienen a la mente.

La comparación no es injusta, después de todo, tales dilemas son inherentes a la edad de los protagonistas y no hay ningún daño en explotarlos. Lo que hace cada uno de estos proyectos diferenciarse es la forma en que cada tema se expone y, por supuesto, todo depende de un elenco con presencia suficiente para sostener temporadas el hilo y expresar química en la pantalla. Elite, en este caso, puede cumplir con buena parte de esas misiones, pero pierde fuerza a la hora de diferenciarse de sus más recientes inspiraciones, como 13 Reasons y Riverdale.

En la historia de la primera temporada, Marina (María Pedraza, a Alison de La Casa de Papel), alumna rebelde de la escuela en cuestión, es asesinada, y durante los ocho episodios, a partir de testimonios de los personajes, descubrimos quién es el responsable del homicidio. En medio de esto, hay bullying, la entrada de alumnos pobres en medio de los ricos, además de las discusiones sobre la homosexualidad y la religión. Todo envuelto en el misterio del asesinato y dirigido por el trío protagonista vivido por Pedraza y por la doble Itzan Escamilla (Samuel) y Jaime Lorente (Nano), este último también conocido por La Casa de Papel.

La alineación del elenco es el punto más alto de la Élite, que además de los tres citados, se demuestra el talento de otros dos actores: Miguel Herran y Miguel Bernardeau. El primero es el Río de la Casa y aquí se aprovecha de la vena cómica de Christian para dar ligereza a la serie. Poco recuerda el tímido chico enamorado de otro éxito de Netflix. Mientras tanto, Bernadeau hace un gran trabajo como el único personaje realmente desmontable en la Élite. El hermano de Marina es el clásico playboy mimado, pero que lucha consigo mismo para defender a la familia, aceptar los nuevos rumbos de la escuela y lidiar con una relación inédito.

Las idas y venidas de Guzmán son las únicas cosas que dejan la serie distanciarse de otros dramas adolescentes, ya que la estética hasta los diálogos, Elite parece haber venido de una receta formada por la pista y marcos de 13 Reasons y los dilemas entre clases vistos en Riverdale. De principio a fin, la repetición es evidente en casi todos los episodios, que se cierran con un testimonio emocionado y con un gancho explícito para que la maratón continúe. El guión no despertó, naturalmente, para el avance de la próxima pieza, entonces siempre existe la necesidad de una revelación en el último minuto.

La pobreza de esa construcción de misterio no destruye las cualidades de la Elite, pero impide que se convierta en algo relevante y diferenciado narrativamente. El rendimiento de los jóvenes actores contribuye y mucho a la serie, pero no hay cómo superar diálogos batidos y situaciones tan predecibles como la de los últimos episodios.

Las extremidades se dejan para la segunda temporada, que dejan en claro que Netflix seguirá invirtiendo en el proyecto, que ahora se merece menos emulación de conceptos y más identidad. Hay talento suficiente en la lista de convocados para ello.

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