Lukaku marcó dos goles en su debut, y ayudó a los belgas a ganar en su debut en Rusia.

A a propósito. Romelu Lukaku, el “negro de Bélgica”, como el mismo se definió, que pasó dificultades en la infancia y sufrió el prejuicio en el país que lo vio nacer, resultó ser el héroe más grande del partido de ayer contra Panamá (3-0).

Horas antes de la salida de debut del Grupo G, el portal The Players Tribune publicó una entrevista donde el delantero del Manchester United, que nació en Amberes, hijo de padres congoleños, abrió su corazón y confesó que “estaría sorprendido si conociera a un negro de Bélgica que dijera que nunca ha sufrido racismo”: “Sería una gran mentira.” Y dio como ejemplo: “Si tengo un juego malo, dicen que soy “belga, de ascendencia congoleña”. Pero ayer fue sólo belga.

Con un tamaño de talento en un sólo once (Courtois, Witsel, De Bruyne, Hazard, Lukaku), el debut de Bélgica generó cierta expectativa, aún más teniendo por delante el novato e inexperto Panamá. Pero al contrario de lo que era de espera, los belgas sintieron muchas dificultades en llegar a la portería de Penedo en los primeros 45 minutos.

Precipitados en el último tercio del terreno, fueron para el intervalo a ceros y han hecho sonar la alarma de más de una sorpresa en la jornada inaugural, después de los empates de la Argentina y Brasil y la derrota de Alemania. Duda pronto desechada con un golazo de Mertens, al regreso de los vestuarios. Después entró en escena el tal negro de Bélgica, a quien la madre daba de beber leche mezclado con agua para rendir más. Lukaku hizo dos goles, a los 69 y el 75 minutos, servicios de Bruyne y Hazard, respectivamente.

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