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El negocio de las guaripoleras y cortesanas

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El 26 de febrero de 2019 en pysnnoticias.com decía que “La vorágine política que vivimos en la actualidad -por el escandalete Odebrecht, el encierro, persecucion e investigación de algunos politicos- también ha traído cierta devaluación de nuestra profesión, al desnudar a muchos escribas su papel vergonzoso de propagandistas de empresas coimeras y empresarios coimiados, la mafia de los cuellos blancos, el Club de la Construcción, la prensa prostituta, etc., rompiendo las formas que habíamos aprendido en las universidades: recordando que una noticia siempre tiene más de una visión, y que por ende deben ser contrastadas siempre.

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En que ha cambiado desde esa fecha hasta ahora? En nada. En realidad el periodismo se viene ejercido como herramienta de las batallas diarias en medio de la polarización política, olvidando que éste no es un país en guerra, ni vivimos tiempos de la mafia fujimontesinista.

Desechando la idea de que como líderes en el proceso de flujo de la información no podemos abandonar el respeto a los receptores que merecen una información equilibrada. Los periodistas, no somos jueces ni artilleros. El periodismo, no es artillería del pensamiento.

No ignoro que alguna vez el gran periodismo fue usado como divulgador de ideología y elemento para la confrontación política. Pero eso fue hace muchas décadas.

Nadie me podrá desdecir cuando afirmo que el periodismo moderno nació exactamente cuándo aparecimos los viejos periodistas, quienes aprendimos a manejar la verdad con una técnica enseñada en los centros universitarios y muchos de nuestros maestros en la “escuelita de La Prensa” o en el diario “Expreso”, a buscar sin prejuicios los datos de cada información, y a divulgarla en forma generosa y correcta.

Lo que estamos viendo hoy en medio de estos escandaletes, es la preponderancia del “barro con ventilador”, la política sucia sobre el periodismo, bajo la tesis del “hay que eliminar al enemigo fulano o mengano no debe continuar”, sin considerar que primero esta la verdad periodística.

No parece casual que la mermelada haya caído como el maná del cielo a los medios que reciben indicaciones de “arriba”-por la torta publicitaria del Estado- como también algunos pseudos periodistas, guaripoleras, artículeros, maquilladores de vocación, por lo que se lee no tienen manejo de la información política en forma imparcial.

Nunca como ahora el periodismo se ha hecho herramienta de propaganda tan abierta y agresiva contra el bando contrario y descarada a favor del gobierno.

La preponderancia de la política sobre el periodismo a la que me refiero, olvida que un político es un emisor ambulante de propaganda, las 24 horas del día. Eso es lo que le está dado a quienes son llamados a tomar decisiones por todos los ciudadanos.

Para ellos, a veces la verdad no es más importante que su causa, y por eso la ignoran, la maquillan, la manipulan o la esconden. Todo está más lejos la ética de un periodista, y de lo que la sociedad espera de él.

Basta ver en los noticieros de los canales abiertos o en los diarios para darse cuenta, hasta donde hemos llegado. No hay diferencia. Acuden a los programas o periódicos a hacer propaganda y destruir al enemigo o bloquearlo.

El receptor sólo debe averiguar en qué bando está el periodista y ya puede descifrar qué tipo de cosas dirá. El público televidente o lector tiene derecho a esperar a que haya diferencias entre el enfoque que presenta un político, que lucha por el poder, y el análisis de un periodista, que explica una realidad.

Porque, un político se prepara para organizar a una sociedad. Un periodista lo hace para explicarle su situación. Ningún político es “tonto” sabe por dónde camina, un periodista imparcial es un valor para la sociedad.

La verdad para un político es una herramienta de trabajo. La verdad para un periodista es su objetivo final. La Política es el arte de lo posible. El Periodismo es el arte de lo que es: la más bella de las profesiones o el más vil de los oficios. Son roles esencialmente distintos.

Pero, lastimosamente, hoy y aquí abunda lo contrario. Ya somos parte del drama actual de nuestra querido país que lo regalan en pedazos y los periodistas son considerados mentirosos como Toledo, PPK o Vizcarra.

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Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político

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