El escribidor de los banqueros y la oligarquía apestosa, de vez en cuando mete su cachará en la política local, solo para tirar barro al presidente Alan Garcia, que esta muerto y no puede defenderse.

Mario Vargas Llosa

Pero, eso no le interesa a Varga Llosa, a pesar de saber el papel ridículo que hace por el afán de querer tener la razón en todo, y está es una de las perdiciones de quien se mete a la política, sin ser político.

No se necesita ser político de tiempo completo para ir con esa tendencia, pero hay tantos cara de palos hasta debajo de las piedras, que se hacen refinados cuando tienen los reflectores y micrófonos.

Ahí están Trump y el escritor M. Vargas Llosa, más conocido por sus poses mediáticas que por su obra, y al ser premio Nobel más aún.

A la propuesta de estatización de la banca por Alan García, 1987, fue traído por los banqueros para entrar en escena y aparecer a la cabeza de la oposición que se había conformado a esta medida de gobierno. Desde el movimiento anti-estatización “libertad” de enfrentó al presidente García.

Es así que Mario Vargas Llosa y sus aliados conformaron “Libertad”. Sobre la ideología liberal, que se estudiaba a partir de la coherencia ideológica que le dio al movimiento, lo que permitió la unión de Vargas Llosa con algunos banqueros, oligarquía e intelectuales que fueron influyentes dentro de este, y a partir del Movimiento Libertad, el liberalismo se volvió hegemónico entre las élites económicas e influyentes de la sociedad peruana.

Desconcertado y nervioso por la descomunal y millonaria campaña electoral, el fantoche renuncia una y otra vez; pero los banqueros le hicieron comprender que era el único que podía salvar sus inversiones y Vargas Llosa volvió al redil para enfrentarse en 2da vuelta a un chinito que nadie conocía y le ganó las elecciones con ayudin de Alan , por eso la bronca.

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Vargas Llosa, es el vocero de las élites rancias, oírlo presumir de liberal hechura del primer mundo; Made in España, si viviese en Perú ¿Qué haría Vargas Llosa santón de las buenas conciencias en La Catedral, en La Fiesta del Chivo, o con La Tía Julia en La Ciudad y los Perros? Haría las mismas metidas de pata como garantizar a corruptos y sinvergüenzas a la presidencia del Perú? Lo seguro es que cobraría muy bien sus “informes”.

Y cual es la faceta insulsa, senil, del político frustrado, el escribidor, premio nobel, alguna vez incoherente con su realidad y raíces? Cual fue el vergonzoso papel de su vida? En 1983 se perpetró un homicidio de siete periodistas y su guía en Uchuraccay, poblado de Ayacucho; la región sufría un asedio en dos frentes, por un lado el terrorismo de Sendero Luminoso, por el otro la fuerza militar del régimen.

El poblado estaba en manos de policías y militares, los periodistas investigaban el previo asesinato de varios campesinos, se ignoraba si habían caído a manos de senderistas o del ejército.

Poco después los periodistas desaparecieron; luego vino el macabro hallazgo de sus restos (victimados a golpes de hacha y metidos por partes en cuatro ataúdes); el hecho desató protestas en Perú y América Latina.

El presidente Belaúnde nombró una Comisión Investigadora, tres personas, entre ellos Mario Vargas Llosa, quien actuó como presidente y encargado de redactar el reporte del grave suceso.

Como método infalible, aceptó como única y válida la versión dada por los mandos militares; el “Informe Vargas Llosa” dictaminó que los periodistas fueron muertos por comuneros locales al confundirlos con “terroristas”, y listo.

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De paso aprovechó para vender a la prensa estadounidense y europea tal reporte como artículo in situ, que lo situó como todo un redentor de la democracia; inteligente el escritor, se la sabe todas!!!

Lo de Vargas Llosa era un tremendo maquillaje al gobierno de Belaúnde, la realidad era otra. Las afirmaciones en tal “informe” fueron cuestionadas por familiares de las víctimas, y después desechadas por la justicia peruana, cuando al fin pudo actuar tras retirar el cerco impuesto por los militares.

El circo se vino abajo al darse a conocer fotografías captadas por el reportero W. Retto, uno de los asesinados, encontradas meses después de la masacre; que mostraban a los periodistas hablando con los comuneros.

Quienes los mataron eran otros. En noviembre de 1984, el juez Ventura Huyhua tomó el caso, decidió enjuiciar a Vargas Llosa, lo desmintió y encarceló en la ciudad de Ayacucho; el presidente Belaúnde y algunos parlamentarios entraron en su defensa cuando abogados y familiares de los caídos, pedían que se le enjuiciara también por haber iniciado una campaña de desprestigio contra los jueces, y pretender intimidar al tribunal que investigaba el crimen en Uchuraccay.

Vargas Llosa refirió la razón del crimen con un recurso entre literario y antropológico: un Perú moderno y un Perú profundo. Nunca ha aceptado haberse equivocado en su papel de esclarecedor: “Todos somos culpables”; y menos admite haber hecho negocio con semejante suceso en su tierra natal; está en su derecho, en especial por vivir en España desde 1992.

El mismo derecho tienen los deudos de víctimas y decenas de organizaciones civiles, para señalarlo como protector de castas militares e iniciador de la estrategia que aplicaría Fujimori, al instaurar “aldeas estratégicas contra la subversión” –a su vez antes probadas en Vietnam o en América Latina desde el siglo XVI.

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Como vemos Vargas Llosa tiene dos facetas: El garante que todo lo sabe y su palabra es ley Y el escribidor como esfinge que reza por dentro y casi fuera de sí: “¡Tengan miedo… prepárense para lo peor… con el Apra y el fujimirismo que se han levantado el Perú en hombros… Que estaremos pagando!!! Ciego, necio y torpe, los corruptos y aventureros son aquellos que Vargas Llosa. garantizó.

¿Dónde habrá quedado quien hizo posible “La tía Julia y el escribidor” como gran retrato de su tiempo? Esas guaripoleras que se arañan apenas lo tocan, sin darse cuenta que ese que presume de demócrata y que nunca se equivoca, que escribe para cubrir apariencias y celebrar las glorias de países decentes, parece querer ser recordado más como albacea de la elite de los banqueros, la oligarquía y su encubridor.

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Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político