Dos investigadores hicieron cuentas al impacto real de las metas de reducción de emisiones para 2050. Concluyeron que, por el momento, sólo es viable en el país una reducción del 60% de sus emisiones. A partir de ahí, la tasa de carbono se dispara, en 2050, para 2900 euros. Impuesto del carbono no va a llegar para reducir emisiones de CO2.

Año 2050. La economía portuguesa emite un 60% menos de dióxido de carbono que en 1990. Lo previsto era que fuera un 85%. Para frenar los consumos “carbónicos”, los contribuyentes pagan sobre los bienes y servicios adquiridos a un impuesto de carbono de 183 euros por tonelada emitida de CO2, pero también pagan menos IMPUESTOS y IRC que antes. Los ingresos tributarios del nuevo impuesto del carbono es “reciclada”, que sirve para bajar la carga de estos impuestos. Con esta fórmula, la economía gana y las familias de ingresos más bajos no son penalizadas. Y lo que se ha hecho de la meta de 85% menos de emisiones para el 2050? No se dieron grandes saltos tecnológicos en el camino. Para llegar allí, el país tendría que pagar sin embargo 2930 euros por tonelada de CO2. Por eso, bajó la ambición.

Este escenario es construido a partir de un estudio para Portugal de Julia Seixas, profesora en la facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Nueva de Lisboa e investigadora en el área de la energía y el cambio climático, y Alfredo Marvão Pereira, profesor de economía del College of William and Mary en estados UNIDOS que se ha dedicado a la inversión pública y la fiscalidad verde. El estudio, titulado “El Papel de la Electricidad en la Descarbonización de la Economía Portuguesa”, se buscó conocer cuál es la capacidad de respuesta del sistema energético español y de la economía de los compromisos asumidos internacionalmente para combatir el cambio climático. El acuerdo de París tiene como objetivo la neutralidad de carbono del planeta alrededor de 2050, lo que en el caso español equivaldrá a menos que el 87% de las emisiones de CO2 en comparación con el año 2015.

Primera conclusión extraída de esta perspectiva del futuro: “No se llega a las metas establecidas [de reducción de las emisiones de CO2 en un 87,5% hasta 2050] sólo con el impuesto del carbono”, señala Marvão Pereira, después de que los investigadores han cruzado un modelo tecnológico y otro económico. “A los dos nos dio las limitaciones claras y la necesidad imperiosa de actuar ya”.

Al proyectarse hasta 2050 la capacidad del sistema energético contaminar mucho menos y el impacto real en la economía de las metas de reducción de las emisiones, constataron que, frente a la tecnología actualmente disponible, que la tonelada de CO2 no sólo será tanto más cara a medida que el techo de emisiones se descarga, como aumentará mucho más al llegar a los niveles más exigentes. Serán 183 euros por tonelada de CO2 emitido para una meta intermedia de menos el 60% y 411 euros para una reducción de 75%, pero saltará para 2930 euros para una disminución de 85%. Este coste, subraya Marvão Pereira, “no hace sentido a los ojos de quien vive en 2018. El impuesto del carbono sería, en el límite, mayor que el IVA y el IRPF juntos”.

 

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