El ejercicio físico es considerado por la medicina como un remedio natural contra el infarto, el infarto cerebral, la depresión y el cáncer. Más recientemente, han surgido evidencias de los beneficios para el cerebro, especialmente para contener la pérdida de memoria y el declive cognitivo que marcan la enfermedad de Alzheimer.

Alzheimer

La semana pasada, investigadores brasileños confirmaron los efectos positivos de la práctica y fueron más allá, mostrando el mecanismo por el cual ejercitarse regularmente es una buena forma de prevención y tratamiento de la enfermedad.

En un artículo publicado en la versión en línea de la revista científica Nature Medicine, el equipo de la Universidad Federal de Río de Janeiro responsable del estudio mostró que la explicación está en irisina, hormona liberada durante la ejecución de ejercicios. Protege el cerebro y restaura la capacidad de memorización perdida con el avance de la enfermedad.

La información aportada a la luz por los Brasileños es una pieza importante en el enorme rompecabezas que el Alzheimer todavía representa para la medicina. No tiene cura, examen específico de diagnóstico o un programa de prevención bien establecido. Porque, como la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas, su origen y evolución tienen causas complejas y difíciles de estudiar con los recursos disponibles.

El problema es que, con el envejecimiento de la población, es urgente encontrar medios efectivos para prevenirla y tratarla. Hoy hay cerca de 35 millones de personas en el mundo con la enfermedad: un millón en Brasil. En 2050, serán 135 millones en el planeta, lo que la convertirá en un gran problema de salud pública.

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Mensajero químico

Irisina fue conocida en 2012, cuando el biólogo estadounidense Bruce Spiegelman de la Universidad de Harvard la describió como un mensajero químico producido por los ejercicios. De ahí vino la inspiración para su nombre, el de la diosa griega mensajera Iris. La hormona transforma el tejido adiposo blanco, que almacena energía en forma de grasa, en marrón. Este disipa energía en forma de calor.

Su descripción inspiró a los científicos brasileños a estudiar cuál sería su papel en el cerebro. Fueron siete años de investigación con sujetos de prueba, Muestras de cerebro extraídas de pacientes muertos y del líquido cefalorraquídeo recolectado de portadores. Han llegado a conclusiones importantes: el ejercicio estimula la producción de iris directamente en el cerebro, donde mantiene preservadas las sinapsis, los espacios entre las neuronas por los que atraviesan los neurotransmisores (sustancias que hacen la comunicación entre las células nerviosas).

“Además, la hormona provoca reacciones químicas dentro de las neuronas importantes para la memoria”, explica Sérgio Ferreira, uno de los autores del estudio. Todas estas funciones protegen al cerebro de la pérdida de la capacidad de aprender y almacenar información y Restauran lo que se había perdido.

Los datos pueden empañar la creación de remedios contra la enfermedad. Pero falta mucho para entonces. El siguiente paso de los investigadores es entender mejor la función hormonal en el cerebro. Además, hay etapas de investigación en laboratorio y, finalmente, en humanos. Todo esto llevará años.

Sin embargo, la información de que el ejercicio puede prevenir y retrasar la enfermedad debe servir ya como un estímulo más para su práctica. No hay un tiempo establecido (los conejillos de indias han hecho una hora por día de natación durante cinco semanas), pero al menos adoptar la vieja orientación de senderismo diario de 20 minutos, por ejemplo, es un buen comienzo.

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