El cuentazo de la Reforma electoral y transparencia

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Saludamos que la VIII Cumbre de las Américas resalte avances de la corrupción en América Latina en niveles tan altos  y la necesidad de enfrentarla con políticas transparentes, sistema de justicia independiente y reforma electoral, por lo cual han tenido que suscribir el Compromiso de Lima-para lavarse la cara- y  generar mecanismos en la lucha contra este flagelo en la región.

Maquillando un compromiso público, y con ello también comprometer a  la Sociedad Civil de  cada país asumir una herramienta de soporte para plantear acciones que son indispensables emprender, y que esta se traduzca en políticas claras sobre el financiamiento de los partidos, la contratación pública, la independencia del sistema judicial y se apliquen mecanismos para hacer frente al fenómeno de la corrupción que no respeta fronteras.

Nos hemos preguntado ¿Cuál es el objetivo de la reforma electoral en nuestro país? La verdad y sin tapujos es que la reforma electoral busca mayores niveles de transparencia, probidad y responsabilidad de los partidos políticos, sus líderes y candidatos; y de esa manera contribuir también a la gobernabilidad del país.

En la última legislatura, los otorongos  aprobaron seis importantes normas de la reforma electoral  que se aplicarán en las elecciones regionales y municipales de este año. Sin embargo, otros proyectos electorales, también significativos, quedaron pendientes y deben debatirse y aprobarse para que puedan regir en los comicios del 2021.

Considerando que en la próxima legislatura “Se tiene que debatir, entre otros temas, la eliminación del voto preferencial y eso tiene que ver con un requisito previo: la realización de elecciones internas con participación de todos los militantes de una organización y la supervisión de la ONPE y el JNE”.

“Pero donde está el meollo del asunto? tenemos una reforma electoral aún indulgente con los partidos políticos, cuyos candidatos entregan dádivas, provenientes sabe Dios de dónde”.

¿Qué se gana con adoptar  algunas medidas que puedan dar claridad a los aportes que reciben las organizaciones políticas, al exigir que todos ellos sean correctamente identificados, y bancarizados cuando superen una (1) UIT, así como también la posibilidad de que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) pueda solicitar información para sus investigaciones a la ONPE?

¿Es por ello que llama la atención que se haya prohibido del todo la posibilidad de que personas jurídicas con fines de lucro puedan realizar aportes, cuando lo que se necesitaría es más compromiso transparente de las empresas con la vida política del país y no canales subrepticios (y no declarados) para hacer llegar sus caudales como los que hemos ido descubriendo en los últimos meses?

En este intríngulis, en que se aprobó dicha ley, sumado a la falta de difusión y conocimiento entre los partidos políticos y a la formulación draconiana que no establecía ningún tipo de gradualidad entre los distintos escenarios que podían presentarse,  crearon la tormenta perfecta que amenazaba con restarle seriedad y hasta legitimidad a los próximos  comicios.

¿Por qué, si se advertía desde entonces, este asunto no se le ha considerado como  uno de los primeros puntos en la agenda de reformas electorales pendientes por trabajar en este Congreso?

¿Es tan cierto lo que afirma la presidenta de la Comisión de Constitución, Úrsula Letona (Fuerza Popular),  que los reportes periódicos ya no son necesarios, pues se han introducido una serie de candados al tema de financiamiento y solo basta un reporte final luego del proceso?

¿Que se han dejado para la siguiente legislatura las reformas de carácter constitucional, cuya aprobación requiere de dos legislaturas? ¿Qué  “Uno de los temas pendientes es la bicameralidad y, sobre eso, debemos propiciar un gran debate con especialistas y la sociedad civil”?

En realidad con la conclusión de la Cumbre se debe retomar la búsqueda de un gobierno abierto y transparente y  si nos ponemos a revisar lo que se ha hecho en el Perú, con lo que dice la Declaración de Lima, estamos  desaprobados. ¿Con que calidad moral vamos a ir a elecciones municipales y regionales a fin de año y elecciones generales en tres años?

Mejor nos ponemos a rezar y que “San Marticito”, nos haga el milagro, a pesar que otros esperan que el diablo, meta la pata.

 

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Jaime Uribe Rocha Periodista y columnista en medios escritos, experto en marketing político