Los entrenamientos de fuerza, especialmente la práctica de la musculatura, pueden reducir rápidamente la grasa en el hígado, lo que indica un nuevo estudio.

hígado

Los Investigadores brasileños de la Unicamp (Universidad de Campinas), y de la USP (Universidad de São Paulo), en colaboración con colegas de la universidad de Harvard y el Massachusetts College of Pharmacy and Health Sciences de los Estados Unidos, se decidió a investigar cuál es el papel entre la práctica de ejercicio físico en el funcionamiento del hígado, según un informe divulgado por la TELEVISIÓN. El hígado es uno de los órganos más importantes y multifuncionales del cuerpo humano.

La experiencia con ratas reveló que 15 días de entrenamiento moderado de fuerza fueron suficientes para reducir la acumulación de grasa en el hígado y mejorar el control de la glucosa en el cuerpo.

Es la primera vez que una investigación demuestra los efectos del entrenamiento muscular – y no ejercicios aeróbicos, como caminar y correr, por ejemplo – en este órgano.

La grasa tóxica que no se ve

“Todos tenemos algo de grasa en el hígado. Pero cuando es excesiva y la condición no se trata, el cuadro puede evolucionar hacia una inflamación, a esteato-hepatitis.

En los peores casos, puede incluso progresar a una cirrosis y, en situaciones más extremas, carcinomas (tumores malignos)”, explica a la BBC News Leandro Pereira de Moura, profesor de Unicamp y coordinador de la investigación.

Por lo tanto, el hígado se ve afectado por la obesidad y también por la diabetes tipo 2 (relacionada con la obesidad y el sedentarismo).

En la actualidad, estas condiciones representan algunos de los riesgos más graves y crecientes para la salud de la población mundial. Según la OMS (Organización Mundial de la salud), en 2016, el 13% de los adultos de todo el mundo eran obesos; en 2014, para la diabetes (de ambos tipos), alcanzaba el 8,5%.

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Y estos desórdenes siguen correlacionados: según la organización británica Diabetes.co.uk, se cree que la obesidad representa entre el 80% y el 85% del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Algunas investigaciones han demostrado que la gente obesa tiene 80 veces más probabilidades de desarrollar esta enfermedad.

El estudio

Las ratas se dividieron en tres grupos: el grupo control recibió una ración estándar y no hizo ejercicio; el otro se administró una dieta hiperlipídica (35% de grasa) y tampoco practicó ejercicio; El último grupo también consumió una dieta hiperlipídica pero, cuando ya se había vuelto obeso y diabético, realizó ejercicios de fuerza durante 15 días.

Al final del estudio, El último grupo (cobayas que hacían ejercicio) seguía obeso, pero con niveles normales de glucosa en sangre en ayunas; también disminuyó entre un 25% y un 30% en la grasa hepática. Los sedentarios obesos han permanecido diabéticos.

Los próximos pasos de los investigadores consisten en realizar pruebas con humanos. Según Leandro Moura, la clave para ello debe estar en el papel de ciertas proteínas que tenemos en el cuerpo.

“En este momento se está investigando mucho el papel de las llamadas ‘ejerciinas’, proteínas liberadas a la sangre durante el ejercicio físico. Cuando se liberan al organismo, actúan en diferentes órganos: cerebro, hígado y pulmones”, explica.

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