En el Día Mundial sin Tabaco, se recuerda el trabajo sobre las dificultades de dejar de fumar. Hay un número cada vez mayor de países que adoptan políticas contra el tabaco, pero este es un camino que aún es largo de recorrer. No son sólo los (ex) fumadores que hacen trampa.

Locales públicos libres de humo, impactantes imágenes en los paquetes de tabaco, campañas que apelan a dejar de fumar y horas y horas de televisión libre de cigarrillos. Lejos quedaron los tiempos en que las pitilleras podían comercializar sus productos o los años en que se fumaba en la televisión, pero el consumo de tabaco se mantiene en las vidas de muchos. Para estos, y a pesar de todas las llamadas de atención, el vicio aún es más grande que la voluntad de deshacerse de él.

El impacto de “sin precedentes” en la salud pública (alrededor de 6% de los gastos mundiales en salud, es decir, 400 mil millones de euros, se realizarán en el tratamiento de enfermedades asociadas con el tabaco) no les llega a conmover para detener dicho vicio. El acto de fumar tiene mucho de inmediato, por lo que el futuro parece no preocuparse tanto de los fumadores como los especialistas. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay que empujar el humo lejos, con el factor precio a la hora de hacer su parte.

Además de los beneficios para los ingresos fiscales estatales — de acuerdo con la Dirección General del Presupuesto, el Estado recaudó 541,3 millones de euros de Impuesto sobre el Tabaco en los primeros seis meses del último año —, el aumento de la fiscalidad de los productos de tabaco es también un gran inhibidor. Según la OMS, es el precio que más influye en los patrones de consumo, siendo también el que funcione de mejor manera a corto plazo.

La misma agencia de Naciones Unidas (ONU) afirma que un aumento de 10% en el precio de venta de los cigarrillos podría reducir en un 4% el consumo de tabaco en los países más ricos, y en alrededor de 5% en los países con peores condiciones de vida. Así, parte de la solución podría pasar por grandes aumentos en la carga fiscal.

Un paquete de cigarrillos sigue siendo “muy accesible” en la mayor parte del mundo y la evolución de su valor no ha acompañado el nivel de vida. Según los últimos datos recogidos, el tabaco se quedó hasta más accesible en 35 países respecto al nivel de vida de la población, con el problema de verificar si en países tan diferentes como España, Austria, Croacia, Dinamarca, Francia, Suecia, México, Costa Rica y Guatemala.

La noticia puede parecer buena para los fumadores, pero estos rápidamente quedarán desilusionados con la recomendación de la OMS. Según la organización, la mayoría de los países deben considerar la posibilidad de triplicar los impuestos sobre el tabaco, de modo a reducir el consumo. Esta sugerencia también va al encuentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que pretende reducir las muertes por enfermedades no transmisibles en un 30% en los próximos 13 años.

En cuanto a la protección de las generaciones más jóvenes (“el precio del tabaco desempeña un papel importante en la determinación de cuántos jóvenes comiencen a fumar y, por lo tanto, influyen profundamente las tendencias de consumo a largo plazo”, se lee), pero también de otros grupos para los que el valor a pagar es importante.

Los jóvenes, sino también a las minorías y a los fumadores con menos recursos “son dos o tres veces más propensos a abandonar o fumar menos” por causa de los aumentos de precios. A pesar de ello, y del efecto disuasorio del valor cada vez más alto de los paquetes de tabaco, el número de fumadores a nivel mundial (estimada en cerca de 1,1 mil millones) no ha bajado y son cada vez más las formas que se utilizan para que estos objetivos supranacionales se eludan.

 

 

Facebook Commentarios