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Economía y Negocios

¿Cómo enfoca la neurociencia a la política divisionista?

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Por Guillermo Molinari

Ex viceministro de Gestión Pedagógica del MINEDU

 

En la última década se ha generado una línea divisoria entre la recuperación y la estabilidad y una nueva etapa de caos y desorden. En la actualidad pasamos de posturas populistas a un gobierno autoritario, en el que diversos sectores progresistas, caviares y radicales de izquierda se unieron con el fin de capturar no solo el gobierno sino el Estado peruano en su conjunto, colocando al país cerca del precipicio.

En las dos últimas décadas la neurociencias nos viene aportando conocimientos sobre cómo funciona el cerebro frente a políticas disgregadoras y turbulentas. Eso  nos abre una ruta para un nuevo entendimiento de nosotros mismos, de nuestras sociedades y de la formación ciudadana.

Hoy estamos en capacidad de comenzar a comprender algunos aspectos de las emociones humanaa, la toma de decisiones, la moralidad, los traumas y el deseo de poder político a nivel celular, observando los cambios que se producen en la neuroquímica, los patrones neuronales y las transformaciones neuroanatómicas del cerebro, consecuencia de la plasticidad.

Algunas de las pruebas que nos presenta la neurociencia sobre las ideologías, el miedo y las emociones en el cerebro pueden resultar incomodas y perturbadoras, porque ponen en cuestión nuestras ideas de moralidad, ética o derriban el mito de nuestro cerebro racional.

La neurociencia nos ha mostrado que todos sentimos miedo, una emoción heredada de nuestros ancestros. No se trata de una sensación abstracta o intangible de peligro inminente, sino que tiene una base neuroquímica en la amígdala, estructura del sistema nervioso que desempeña una función crítica en la adquisición, el almacenamiento y la expresión de respuestas al miedo condicionadas.

De la misma manera hoy podemos afirmar que el rol de la serotonina en el comportamiento prosocial y el juicio moral está bien documentado. Hay una estrecha y probada relación entre los niveles de serotonina del cerebro y el comportamiento moral y social. También han observado la forma en que las ideologías políticas se representan en el cerebro; los estudios preliminares indican que un mayor volumen de materia gris en el córtex del cíngulo anterior puede relacionarse con inclinaciones hacia el liberalismo, mientras que un mayor volumen de materia gris en la amígdala (que forma parte del sistema límbico y por tanto se ocupa de las emociones) parece estar asociado con valores conservadores.

En pocas palabras la neurociencia, nos da nuevas perspectivas, hallazgos e ideas básicas; como poder entender cómo la política divisoria ha pasado a primer plano y es posible que la neurociencia pueda arrojar algo de luz sobre cómo se expresa en nuestros cerebros.

Así es cómo podemos entender el “nosotros” frente a “ellos”, el cultivo del miedo y el odio hacia grupos externos que se consideran distintos (en términos étnicos, ideológicos, religiosos, etc.) y los ataques crueles y virulentos contra ellos, forman parte de un inquietante panorama de creciente hostilidad étnica y racial.

Un ejemplo de esto es el siguiente: los sentimientos nacionalistas, a menudo exacerbados por el populismo, se nutren de la distinción “nosotros” frente a “ellos”, reforzando el sentimiento de pertenencia y apego, que es fundamental para todos los adultos. Sin embargo el nacionalismo, ya sea cívico, étnico o una combinación de ambos, puede ser sumamente homogeneizador en cuanto a género, clase o incluso tendencias políticas, y al mismo tiempo identificar la línea divisoria de acuerdo con la idea de unidad nacional. Este hecho en muchas ocasiones es aprovechado por los líderes populistas, que hacen que la nación se convierta en un marcador de distinción entre las personas.

Hasta aquí nos estamos refiriendo a cómo los humanos nacemos con predisposiciones, sin conceptos innatos del bien o del mal, solo con una predilección heredada por la supervivencia. Pero además la neurociencia nos viene alertando acerca de nuestros prejuicios instintivos, ofreciéndonos la oportunidad de corregirlos. Es de importancia crítica no sucumbir a los discursos divisorios y a los líderes populistas. Nuestra emocionalidad juega un papel central en la toma de decisiones, y nuestra brújula moral es maleable y está determinada en gran medida por las circunstancias.

Pero además estos nuevos conocimientos nos informa como algunos investigadores nos hablan del llamado “Neuro P%”: potencia, provecho, placer, permanencia y orgullo. Estos potentes motivadores pueden llevarnos a excesos y a la búsqueda de gratificación, incluso cuando tales empresas no son morales y corrompen a los líderes.

En esa línea tenemos que decir que podemos demostar la vinculación del discurso divisorio y su conexión con el poder político, entendiendo el poder como placer. Se mueven circuitos de gratificación neuronal, que dan lugar al aumento de los niveles de dopamina y al subsiguiente impulso para buscar más poder. En síntesis, el poder es adictivo y más aún en los regímenes autoritarios, donde hay pocos mecanismos institucionales para impedir abusos.

Hoy en el Perú vivimos mucho de esto: fuertes intentos de mantener el poder a toda costa. Los líderes podrían recurrir a cualquier medio, evocando enemigos reales o imaginarios y aumentando las divisiones sin tener en cuenta las consecuencias.

Hoy las instituciones y autoridades no infiltradas por la corrupción y el autoritarismo están obligadas a buscar un buen gobierno, que tendrá un papel importante para evitar el efecto de maligno del discurso y política divisoria: limeños contra provincianos, ricos contra pobres, derechas versus izquierdas. Y el llamado repetitivo al pueblo, al pueblo, al pueblo… cuando todos somos el pueblo.

 GUILLERMO MOLINARI

     

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