Un equipo de científicos de la Universidad de Yale en los Estados Unidos logró reactivar parcialmente cerebros de cerdos unas horas después de que los animales fueran asesinados. El ZAP habló con el investigador portugués André Sousa, que participó en la investigación, sobre los “avances significativos” constatados.

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El equipo de investigadores portugués André Sousa, investigador en neurociencia en Yale, recogió 32 cerebros de cerdos en un matadero después de haber sido sacrificados, como se menciona en el artículo científico publicado en la revista Nature.

Cuatro horas después de la muerte de los animales, sus cerebros fueron conectados a un “sistema de perfusión” desarrollado especialmente para este fin, con el fin de imitar “los sistemas de órganos presentes en el cuerpo”, como explica a ZAP André Sousa.

A continuación, como señala el investigador, fue necesario desarrollar “una solución específica que permitiera tanto la parada de los mecanismos que conducen a la muerte celular como la recuperación de las distintas funciones celulares tras un largo intervalo de falta de oxígeno”.

Así, se ha creado una “sustancia sintética similar a la sangre, basada en una solución rica en hemoglobina” y que “no contiene células, no tiene sustancias coagulantes y se complementa con varios agentes que protegen las células y bloquean la actividad neuronal”, señala André Sousa.

Por último, para “restablecer la circulación en el cerebro con esta solución”, se ha desarrollado “una nueva técnica quirúrgica”, explica el científico.

Este “cóctel” milagroso pasó por sus cerebros durante seis horas gracias a la tecnología llamada BrainEx por los científicos de Yale.

Al cabo de 10 horas después de la muerte de los cerdos, sus cerebros revelaron una reducción en la muerte de las células cerebrales, con “las estructuras celular e histológica preservadas”, como destaca André Sousa al ZAP.

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Además,” se han restablecido determinadas funciones moleculares y celulares, incluidas las respuestas metabólicas y vasculares, así como las de células glias [que apoyan el funcionamiento del Sistema nervioso Central], a estímulos”, y también” había actividad neuronal”, informa el especialista en neurociencia.

Sin embargo, no se ha producido ninguna actividad eléctrica global, “característica fundamental del normal funcionamiento del cerebro”, como señala André Sousa. De esta forma, siguieron siendo cerebros muertos.

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“Avances significativos”

Los científicos van a intentar “optimizar el sistema para perfusiones más largas con el fin de estudiar los mecanismos moleculares y celulares que permiten la recuperación de las funciones de estas células”, señala André Sousa al ZAP. El objetivo es “mantener la actividad celular y promover la recuperación del cerebro tras una lesión”, para “desarrollar futuras terapias para accidentes vasculares y otras lesiones cerebrales”, destaca el científico.

En términos de resultados inmediatos, la investigación permitió comprender mejor los mecanismos celulares desencadenados después de la parada circulatoria en el cerebro, con “dos avances significativos” resaltados por André Sousa.

Por una parte, se ha podido comprobar que “el cerebro relativamente grande e intacto de un mamífero retiene una capacidad mucho mayor de lo esperado para la recuperación de la circulación sanguínea y para la actividad molecular y celular, incluso horas después de la parada circulatoria”.

Y, por otro lado, la investigación muestra que “el proceso que conduce a la muerte de células y órganos es gradual”. Ahora bien, esta circunstancia abre la posibilidad de” un nuevo modelo experimental para estudiar y mantener de forma aislada el cerebro y, probablemente, otros órganos después de la muerte”, como constata el científico.

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De este modo, será posible “estudiar varios procesos en un cerebro intacto”, en particular para “evaluar los efectos de terapias diversas y cómo afectan selectivamente o no” a determinados procesos, la afianza André Sousa. De este modo se podría resolver “uno de los grandes problemas actuales en biomedicina“, entendiendo “cómo hacer que las terapias afecten sólo a determinadas células y no a otras”, concluye el investigador.

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