China reaccionó furiosamente a la decisión del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de rectificar un proyecto de ley destinado a proteger los derechos humanos en Hong Kong, y amenazó con tomar represalias.

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En un comunicado, el ministerio chino de Asuntos Exteriores repitió las amenazas de represalias contra Washington, pero sin entrar en detalles, y aseguró que todos en Hong Kong y en la China continental se oponen a esa ley.

“Se trata de una grave interferencia en los asuntos de Hong Kong, que son asuntos internos de China, y una grave violación del derecho internacional y de las normas básicas que rigen las relaciones internacionales”, se lee en la misma nota.

“El Gobierno y el pueblo de China se oponen firmemente a estas acciones hegemónicas”, afirmó.

El Ejecutivo De Hong Kong también expresó ” profundo pesar “por la decisión de Trump y acusó a Washington de” entrometerse ” en sus asuntos internos.

“La resolución envía el mensaje equivocado a los manifestantes”, observó un alto cuadro del Ejecutivo de la región semiautónoma China.

Trump promulgó la ley después de que el Congreso de los Estados Unidos aprobara la semana pasada, por abrumadora mayoría, la resolución de apoyo a los derechos humanos y la democracia en Hong Kong, que también fue aprobada en el Senado.

La Cámara de Representantes aprobó la resolución por 417 votos a favor y sólo uno en contra, provocando la ira de Pekín.

El texto cuestiona la situación comercial de la que goza actualmente la Región Administrativa Especial China y prevé sanciones contra las autoridades chinas responsables de violaciones de los derechos humanos en la antigua colonia británica, como detenciones arbitrarias y extrajudiciales, torturas o confesiones forzadas.

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Hong Kong ha sido durante seis meses escenario de manifestaciones, iniciadas por un proyecto de ley que permitiría extraditar criminales a países sin acuerdos previos, como la China continental, y, entretanto, retirado, pero que se ha convertido en un movimiento que exige reformas democráticas y se opone a la creciente interferencia de Pekín en el territorio.

Las protestas han ido cobrando forma cada vez más violenta, con actos de vandalismo y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La diplomacia china acusó a Washington de apoyar “abiertamente a criminales violentos que destruyeron instalaciones, incendiaron y agredieron a civiles inocentes, socavaron el Estado de Derecho y amenazaron el orden social”.

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