Con prácticamente todo el comercio cerrado, vuelos suspendidos y cancelados en el aeropuerto y algunas protestas en las calles, Chile estuvo paralizado este domingo tras las protestas más graves en el país desde el regreso de la democracia en 1990, que dejaron al menos dos muertos y llevaron al Ejecutivo a declarar el estado de emergencia.

Chile

El Centro de Santiago se convirtió en un escenario de destrucción: semáforos en el suelo, autobuses quemados, tiendas saqueadas y miles de escombros en las calles después de las protestas que comenzaron el viernes con el aumento del precio de los billetes del metro, una noticia que fue el catalizador de una serie de reivindicaciones sociales.

Aunque el toque de queda fue decretado y la movilización de casi 10.000 militares en las calles, los disturbios continuaron durante la madrugada en Santiago y otras ciudades, como Valparaíso y Concepción, que también se vieron afectadas por la medida que restringe el movimiento

“El pueblo unido no será vencido” (el pueblo unido nunca será vencido), gritaron los manifestantes, una consigna utilizada durante el Gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende, y reanudada tras el golpe militar y la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

En la capital del país, al menos tres personas murieron en un gran incendio tras el saqueo de un supermercado de la red Líder, en el barrio de San Bernardo, en la zona sur de Santiago, uno de los muchos objetivos de los ataques de los manifestantes en las últimas horas.

El balance oficial publicado este domingo por el ministro de Interior y seguridad, Andrés Chadwick, redujo el número a dos víctimas mortales, subrayando que una tercera persona resultó gravemente herida, con el 75% del cuerpo quemado. Sin embargo, esa persona murió en el hospital, según Reuters.

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Chadwick informó también que durante la madrugada dos personas fueron heridas de bala después de un incidente con una patrulla de Policía entre Puente Alto y la pintora. Las autoridades informaron de que 716 personas fueron detenidas en las protestas, las más violentas desde el regreso de la democracia tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Los manifestantes también atacaron autobuses y estaciones de metro, y según la información proporcionada por el Gobierno, 78 estaciones fueron golpeadas y algunas quedaron completamente destruidas.

El alto el fuego sigue vigente en cinco regiones, incluida la capital de Santiago, y se movilizaron más de 10.000 policías y militares, precisó el general Javier Iturriaga del Campo.

En Santiago, los supermercados y centros comerciales anunciaron que permanecerían cerrados este domingo para evitar saqueos.

En lo que respecta al transporte público, el metro está paralizado, apenas circulan autobuses por la ciudad y la única forma de circular en una ciudad de siete millones de habitantes han sido taxis y servicios de transporte individual y remunerado de pasajeros en vehículos sin marcas desde una plataforma electrónica.

La gobernadora de Santiago, Karla Rubilar, confirmó que los vuelos operados por las dos mayores compañías aéreas de Chile, LATAM y Sky Airline, fueron suspendidos o aplazados durante esta mañana del domingo, ya que el caos en las calles y la inoperancia de los servicios de transporte impidieron que las tripulaciones viajaran al aeropuerto de Santiago. Como resultado, hubo multitudes de pasajeros abandonados en tierra.

En el puerto de Valparaíso, los bomberos luchaban contra las llamas del incendio que destruyó por completo un supermercado de la ciudad.

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El daño al servicio metropolitano de Santiago supera los 269 millones de euros y algunas estaciones y líneas tardarán meses en volver a funcionar, afirmó el presidente de la compañía estatal, Louis de Grange. Al ser el eje del transporte público de la capital chilena, con casi tres millones de pasajeros al día, el metro sufrió una “destrucción brutal”, declaró Grange.

Las manifestaciones se celebran desde el viernes en protesta por un aumento (entre 800 y 830 pesos, aproximadamente 1,04 euros) del precio de los billetes de metro en Santiago, que tiene la red más larga (140 kilómetros) y más moderna de Sudamérica, y que transporta diariamente a unos tres millones de pasajeros.

El sábado Piñera se retiró y suspendió el aumento. Pero las manifestaciones y los enfrentamientos continuaron. A los gritos de” basta de abusos “y con el lema que dominó las redes sociales” #ChileAcordou”, el Ejecutivo del país se enfrenta a críticas en cuanto a un modelo económico en el que el acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una gran desigualdad social, unos valores de pensiones reducidos y el encarecimiento del precio de los servicios básicos.

La manifestación no tiene un líder definido ni una lista precisa de reivindicaciones, y hasta ahora ha funcionado más bien como una reacción de crítica generalizada a un sistema económico neoliberal que, tras el aparente éxito de los índices macroeconómicos, oculta un profundo descontento social.

Universidades y escuelas suspendieron sus clases el lunes, pero los estudiantes convocaron un nuevo día de protestas.

“Estamos viviendo elevadísimos niveles de delincuencia y saqueos”, dijo Alberto Espina, ministro de Defensa. El presidente Sebastián Piñera — que suspendió ayer el aumento de los precios de los billetes de metro-se reunirá con sus ministros este domingo para abordar la situación. La Cámara de Diputados también ha convocado una sesión especial para el domingo.

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Las protestas de tal magnitud eran inimaginables hace unos días, cuando el propio presidente afirmó que Chile era un “oasis” de tranquilidad en la región.

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