Hoy en día, sabemos que el cuerpo humano es una máquina compleja capaz de realizar las más diversas funciones. Pero lógicamente todo el conocimiento que tenemos acerca de la anatomía humana no vino junto con el surgimiento de la humanidad, llevando miles de años para que realmente se conociera cuáles eran las reales funciones de ciertas partes del cuerpo.

Pero, se usted había nacido hace muchos años atrás, estaba más que seguro de que los testículos tenían una relación directa con la voz masculina, que el clítoris existe, y que es el útero es el es órgano capaz de salir del lugar y dar vueltas por el cuerpo. Duda? Entonces un vistazo por debajo de los mitos sobre la sexualidad en los cuales las personas han creído por mucho tiempo:

Mito #1: El clítoris no existe

Fuente de la imagen: Líón/Shutterstock

Si dejamos de pensar, un simple examen de capaz de demostrar la existencia del clítoris. Pero por más increíble que pareciera, la existencia de esta pequeña parte del cuerpo de la mujer fue motivo de debate entre la comunidad científica por cientos de años. Los griegos, por ejemplo, creían que todo acto sexual requería penetración. Este pensamiento se los llevó a suponer que las lésbicas tenían clítoris gigantes, o por lo menos lo suficientemente grandes como para penetrar a otra mujer.

Así, lógicamente, los griegos estaban equivocados, pero ellos no negaban la existencia del clítoris. A diferencia de Andreas Vesalio, un anatomista belga que declaró en la década de 1500 que el órgano simplemente no existía. Cabe señalar que de Vesalio era médico y, ciertamente, ya habría analizado un número suficiente de mujeres para asegurarse de que el clítoris era una mera invención.

De cualquier manera, para justificar su afirmación, el anatomista asumió que todas las mujeres que tenían un clítoris eran, en realidad, hermafroditas provistas de un pequeño pene, y  las mujeres “normales y saludables” no presentaban la misma anatomía.

La verdad por trás de toda la campaña anticlitoriana levantada por el profesional es que él tenía la teoría de que los genitales masculinos y femeninos eran el opuesto el uno del otro: el pene sería el inverso de la vagina y los testículos serían el contrario de los ovarios. El problema es que los hombres no presentaban ninguna estructura que pudiera oponerse al clítoris, entonces, en vez de admitir que había un agujero en la teoría, Vesalio prefirió creer que todas las mujeres que tenían el órgano mostraban anomalías genéticas.

Mito #2: Los testículos están relacionados con la voz

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Desde temprano, los griegos ya habían descubierto las función de los testículos en el cuerpo masculino. Pero no contentos en saber que estos órganos tenían un papel fundamental en la vida humana, decidieron encontrar una función para esta parte del cuerpo.

Aristóteles creía que los testículos eran pesos que estaban directamente conectados con las cuerdas vocales, a través de los vasos sanguíneos. Su teoría defendía que, con la llegada de la pubertad y el inicio de la producción de esperma, los testículos descendían y esto produciría una tensión en las cuerdas vocales, haciendo que la voz del muchacho engrosase.

Por suerte, los griegos tenían una manera de comprobar la teoría de la filósofo, después de todo, la castración era común en la cultura griega. De esta manera, se dieron cuenta de que la voz de un niño castrado se mantenía inalterada porque ello tendría los testículos actuando como el peso de las cuerdas vocales. Este hecho probaría la teoría de Aristóteles, pero, para el bien de la humanidad, esa idea fue refutada más tarde.

Mito #3: El tercer pezón es una marca del diablo

El actor Mark Wahlberg es conocido por haber tres de los pezones. 

Hoy en día la ciencia sabe que una de cada 18 personas tiene un tercer pezón, que puede tener el aspecto visual de una pinta o una marca de nacimiento. Pero, si de personalidades como la cantante Lily Allen y el actor Mark Wahlberg hubieran nacido en otra época, probablemente ellos no estarían vivos para saber que no hay nada de malo en nacer con un pezón más.

Lo que sucede es que, en la Edad Media, las personas asociaban con los pezones extras y otras marcas de nacimiento a cosas muy siniestras. Los hombres de aquel tiempo creían que las mujeres que vagan durante la noche estaban esperando una oportunidad para hacer un pacto con el diablo. Cuando el presunto pacto fue hecho, el diablo dejaba una marca en el cuerpo de la mujer, que podría ser una mancha, una pinta o un tercer pezón.

Si una mujer era acusada de brujería, ella sería descubierta y cualquiera de estas marcas podría considerarse una prueba suficiente para que ella fuese condenada a morir en la hoguera.

Mito #4: El útero es capaz de dar vueltas por el cuerpo

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Una vez más, lo que está detrás de ese mito es de la curiosidad y la creatividad de los griegos. Después de todo, ellos sabían que el útero era un órgano exclusiva del cuerpo femenino, el que los hizo deducir que él fuera el responsable por día del comportamiento de los géneros. Además de ello, los griegos entendían que el útero servía para albergar  durante el embarazo, pero estaban preguntando qué sucedía cuando el órgano estaba vacío.

Fue a partir de ahí que ellos desarrollaron una teoría de que el útero de una mujer que no estaba albergando vida podía salir del lugar y dar vueltas por todo el cuerpo. Si que hay un lado negativo en esa idea, que predica que el útero el saldría causando daño a los demás órganos y esa sería la explicación para las variación del estado de ánimo de las mujeres.

Los efectos causados por el útero mendicante errante recibieron el nombre de “histeria” y esta teoría se mantuvo antes del Renacimiento. Cualquier dolencia que acometiera una mujer – fuera de cólica, depresión o el que más podamos imaginar –, el diagnóstico sería siempre histeria. Incluso después de los médicos concluyeron que ningún órgano es capaz de salir del lugar, el concepto de la histeria femenina se mantuvo y aún en el siglo 20 las creía en las mujeres que lo que estaban detrás de sus “los problemas femeninos” era un útero desordenado.

Curiosamente, al final de la década de 1800 la principal prescripción para las mujeres que supuestamente sufrían de histeria era el orgasmo, que solía ser alcanzado a través de chorros de agua, vibradores o con la ayuda de los médicos.

 

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