El viejo periodismo contra nuevo periodismo

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Maritza Espinoza hace poco publicó en el diario La República, una extensa entrevista a Juan Gargurevich- periodista profesional y docente universitario, magíster en comunicación y candidato a doctor en historia-, con el título: “A mí no me vengan con el cuento de que antes se hacía mejor periodismo”, sobre sus percepciones del quehacer periodístico de ayer y hoy, con mucho sesgo.

Acá no se trata de discrepar  por discrepar-porque él “Tio Juan”  aplaudió la deportación de varios colegas en la época de Velasco-, sino  de sus  opiniones vertidas, alejadas totalmente de nuestra realidad en espacio y tiempo del periodismo peruano.  ¿El viejo periodismo “autodidacta”  fue mejor que el de ahora a pesar  de sus títulos de licenciados, magister, de escribir libros, etc.? Muy bien lo señala  el colega José Vargas Sifuentes, más conocido como “Piolín”, que  los periodistas de ahora no estudian, no leen y se la pasan tuiteando o metidos en el mundo Facebook (cuando no paseando por Larcomar).

El viejo periodismo no era tan malo cuando era independiente. Pero en las condiciones actuales es casi imposible leer un periódico independiente. Los periódicos de papel no son más que partes de un conglomerado de empresas con cada vez menos relevancia. Y un conglomerado de empresas se tiene que llevar bien con su dueño.  No es “viejo periodismo” contra “nuevo periodismo”: es periodismo contra panfletarismo a sueldo o conformismo para no perder la “chamba”. Y eso no tiene que ver con el medio en el que se ofrezca, internet, papel, radio , televisión… tiene que ver con el contenido; hay demasiados noticias mediáticas, cortinas y explotación de idiotas…

Pasra muchos, el duelo entre viejo y nuevo periodismo-que no es de ahora- se asemeja al choque de dos `placas tectónicas, una, la vieja prensa que se afana por no desaparecer de la superficie, la otra la que quiere emerger: el nuevo periodismo, arremete con fuerza para lograr borrar del mapa a la primera, a los que quedan de la “Escuelita de La Prensa” o de “Expreso” en la década 60,70 y 80 que también salieron grandes periodistas. ¡Jóvenes periodistasd al poder!

Que en entre el  viejo y nuevo periodismo, hay mucha diferencia, por supuesto que sí, hoy se habla de los “mermeleros” mejor dicho de los mercenarios de la pluma o pluma de alquiler o plumíferos.  Yo creo que estas dos categorías pueden haber existido siempre lo que pasa es que ahora están superagudizadas debido a la crisis económica, a la irrupción de los diarios digitales y al inmenso poder de los políticos  y empresarios corruptos  que maquillan sus intereses  a través de diferentes medios. Hoy nadie habla de  los periódicos basuras defensoras del establishment actual referente para los despistados y para la derecha.

Que la tecnología ha cambiado como el mundo y los medios en particular, el papel se acaba, no pasaran más de diez años que desaparezcan los periódicos en papel, y reinara el periodismo digital. Pero que pasara con la mayoría de periodistas jóvenes  que se encuentran en esos medios, periodistas de gran prestigio-como los de ayer-, un prestigio ganado a base de años y perdido en solo días. Ese es el riego que corren los que cada día nos “iluminan” sobre las bondades de la democracia y la libertad de prensa.

Acaso no es patético- es mi opinión-, ese es el adjetivo que evoco cuando veo a colegas  de 50, 60, 70 y 80 años deambulando por las calles, sin ningún tipo de asistencia, cuando leo con asco la defensa sobre la “libertad de prensa”, de los entes gremiales. Algunos dirigentes con la vida claramente resuelta miran para otro lado. Eso sí que es desvergüenza, cobardía y miseria moral, como perros  de Hortelanos, no comen ni dejan comer…. Y dan charlas a diario sobre lo bueno y lo malo, moralizándonos con un cinismo que no tiene límites.

Hoy más que antes, se suele decir que los periodistas que trabajan en los grandes medios son víctimas del control ejercido desde la dirección y desde diversos grupos de poder que presionan para que ciertas noticias sean silenciadas, u otras sean “creadas” de la nada (bancos con los que tienen importantes deudas, grandes anunciantes sin los que el medio no sería viable, Odebrecht, etc…).Y nadie hace nada.

Que el periodismo peruano  se jodió cuando se acostumbró a vivir con corrupción, puede ser cierto. Ese fue el gran problema  de los grandes medios-casi sin excepción-que  aceptaron convertirse en poco más que el gabinete de prensa de la mafia fujimontesinista. Para algunos es  comprensible, tal y como funciona la relación gobiernos-publicidad institucional-medios de comunicación, era una decisión que garantizaba un sustento económico a largo plazo. Sin embargo, calcularon mal el precio a pagar: Primero la independencia editorial, luego la credibilidad y finalmente, a medida que las anteriores fueron haciéndose más evidentes, la pérdida de audiencia.

El resultado es que al periodismo de antes no se le puede acusar de convivir con la corrupción, no hay reseñas.  Hoy en los últimos treinta años  los ciudadanos han sufrido un constante bombardeo de información desde distintas fuentes, se  mantiene  en pie una burbuja mediática donde sólo entra aquello que al gran periódico correspondiente le interesa y, como consecuencia de ello, las costuras de los pactos de silencio saltan por los aires cuando no simplemente quedan tremendamente visibles. Se trabajan con practicantes, jóvenes periodistas y los viejos a la tumba.

¿Y la gran experiencia de los viejos periodistas? Eso es algo que los directores de los grandes medios no han entendido, aunque sea simplemente por cumplir el adagio que dice que es casi imposible hacer comprender algo a alguien cuyo trabajo depende de no comprender lo que se le está explicando. Porque esos grandes medios viven casi exclusivamente de esa supuesta influencia mediática y de generar opinión, que pueden vender al mejor postor vía publicidad o vía línea editorial. Si reconocen que ya no tienen esa influencia, la fuente del dinero se seca y entonces tendrían que volver a competir con otros medios en periodismo, pero partiendo de una posición muy retrasada por la pérdida de credibilidad acumulada.

Como estaremos  que figuran entre  los periodistas  más influyentes: Verónica Linares, Beto Ortiz, Rosa María Palacios, Augusto Álvarez Rodrich, Milagros Leiva, Paola Ugaz, Daniel Peredo, Patricia del Río,  Jaime Bedoya, Rosana Cueva,  Sol Carreño. Aldo Mariátegui, Mónica Delta y Federico Salazar.

Entre los jóvenes periodistas de ahora ¿hay algún comentarista o analista de la realidad nacional como lo fueron Manuel D’Ornellas, Enrique Chirinos Soto,  César Hildebrandt , Alfonso Tealdo, Raúl Villarán, Guillermo Thorndike, Enrique Zileri, César Lévano,  José Carlos Mariátegui- que comenzó como auxiliar de linotipista en el diario La Prensa y acabó sus días siendo uno de los ensayistas más importantes del continente-, Augusto Tamayo Vargas, Alfredo Barnechea, o un  Luis Miró Quesada de la Guerra:” «El periodismo puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios», por ejemplo.

Sin ir muy lejos,  tenemos a Genaro Carnero Checa, Enrique Escardó, Mario Castro Arenas, Luis Felipe Angells (Sofocleto), Julio Ramón Biachi, Rodolfo Espinar, Gerardo Uzategui, Roberto Martínez Merizalde, (El Chasqui) Guillermo Cortez Núñez, Jorge “Cumpa” Donayre, Federico La Rosa Toro, Pablo Truel Uribe, Hernán Zegarra, Víctor Caycho, Justo Chávez y otros ilustres colegas.

Pysn Jaime Alberto Uribe Rocha
Jaime Uribe Rocha: Periodista y Publicista experto en marketing político, columnista en varios medios periodísticos impresos,

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