La ciencia de los celos y la traición

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Piense en la persona que usted ama o amó. Ahora, conteste cuál de estas dos posibilidades de traición sería la más dolorosa: descubrir que el(la) socio(a) ha tenido noches increíbles de sexo extramatrimonial o que se involucró emocionalmente con otro(a)? Los hombres tienden a pensar en la primera opción un cuchillo en el pecho. Las mujeres suelen decir que la segunda alternativa suena peor. A pesar de que ambos se preocupan con los dos aspectos de la infidelidad sexual y emocional –, la motivación para la envidia puede ser diferente.

Hace años el psicólogo evolucionista David Buss, de la Universidad de Texas, ha encontrado evidencias que confirman la existencia de esta diferencia. En uno de los estudios, con 234 voluntarios, el 76% de los hombres y sólo el 32% de las mujeres eligieron la hipótesis de la implicación sexual como peor que la de lo puramente emocional. El neurocientífico japonés Hidehiko Takahashi también encontró indicios a favor de la tesis con 22 personas que estaban en una relación larga (media de 14,8 meses para los hombres y 18,5 meses para las mujeres). Vigilando cada uno con equipos de resonancia magnética, el investigador pidió a ellos que leían frases que sugerían situaciones que implican el socio, como “una cama de matrimonio con el(la) ex” y “escribiendo una carta de amor a otro(a)”. Después, el grupo se ha orientado a releer las escenas y asignar notas de 0 a 6 a ellas de acuerdo con el grado de envidia que despertaban. Hombres y mujeres también una de las cuestiones de infidelidad sexual, con un promedio de 4,6. Para situaciones que sugerían la implicación emocional, ellos marcaron 4,3 y ellas 4,5 – números muy cercanos. La sorpresa llegó con el resultado de las resonancias magnéticas.

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en Ellos, la amígdala y el hipotálamo, ligados a la agresividad y los impulsos sexuales, tenían una actividad mucho mayor. En ellas, la estructura que hablaba más alto era el surco temporal superior posterior, que ayuda en la interpretación de la intención de los otros. Para los científicos, es como si los sentimientos de ira, el rechazo y el miedo que acompañan a una traición estuvieran conectados, para los hombres, el hecho de dividir a la pareja con otro y, para las mujeres, a la posibilidad de ser abandonados. Este fenómeno puede ser fruto de la evolución de nuestra especie.

La envidia nace como una estrategia de preservación del patrimonio genético

Es posible que los celos que ha nacido como una estrategia de preservación del patrimonio genético, probablemente después de que dos factores han cambiado por completo la dinámica de las relaciones humanas. Uno de ellos surgió cuando nuestros antepasados comenzaron a caminar sobre dos piernas. Las madres comenzaron a cargar a los hijos pequeños en brazos, en vez de aferrándose a la espalda, como hacen los grandes primates. Con un bebé para mantener la velocidad y la agilidad se encuentran comprometidas. Conciliar la búsqueda por alientos con la maternidad reciente, si ya era difícil, quedó prácticamente imposible. Entonces la responsabilidad de los hombres de cazar y mantener el peligro lejos para garantizar la supervivencia de los hijos en esta fase se ha incrementado.

El otro fue el crecimiento de la caja craneal en los homínidos. El estándar de los australopitecos, nuestros antepasados más antiguos, era de 500 cm3. El cráneo del Homo sapiens se encuentra en la media de 1.300 cm3. Disfrutar de un feto con la cabeza más grande y una madre bípedo, con la pelvis más estrecha, y usted entenderá el parto que es el nacimiento de un ser humano. Para que no muramos todos, la sabia naturaleza ha seleccionado los bebés prematuros”, o sea, aquellos que no se desarrollaron completamente dentro del útero. Nosotros – usted y yo. El resto del crecimiento pasaría fuera.

Por eso, el cerebro humano necesita de más tiempo para madurar: hasta siete años. En ninguna otra especie de primates, la crea demora tanto para dejar de requerir cuidados permanentes de los padres. Los investigadores creen que, ante tanto esfuerzo para pasar de los propios genes adelante, el hombre del pasado necesitaba encontrar la manera de saber que no favorecería los genes de otro. O sea, quería estar seguro de la paternidad, alejando el riesgo de un rival hacer sexo con la mujer de él.

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no tendría exactamente asegurarse de que el tipo no esparciese corridas por ahí, pero, sí, que no desperdiçasse energía y recursos con otra en vez de invertir en la supervivencia de los hijos de la pareja. Una implicación emocional masculino con un “competidor” pondría a la familia en riesgo.

Para ambos, a la menor señal de que uno de los dos encontraba la gruta del vecino más acogedora, los celos entraría en escena y la controlaría de motivar “a la víctima” a tomar medidas. No es que todo celoso piensa en los hijos. Mucho menos que los maridos digan “Puede caer en el amor por el otro – pero joder, no” y mujeres determinan que “el Sexo está liberado, ya que no se involucre”. Esto es un instinto. Diferentes desafíos de adaptación llevaron a motivaciones distintas de la monopolización del otro.

Pero, ¿por qué los celos sobrevive a los exámenes de ADN para la comprobación de la paternidad y a la independencia femenina, que liberó a las mujeres para conseguir su propio sustento, decidir si quiere tener hijos y tomar decisiones? Porque las emociones humanas son mucho más complejas que una simple relación de causa y efecto.

Probablemente evolucionado para un sistema de la monogamia en serie

¿Quién se ha llevado mi mozão

Posesividad. Para sus instintos, el otro es una conquista, y no un alma libre para saracotear por ahí como si no tuviera dueño. Más aún si el alma libre en cuestión se basa sólo en el hecho de que los espermatozoides son baratos y los óvulos son caros.

Vamos por partes. Nuestra especie no ha pasado la vida en harenes. Ni en los lazos eternos de complicidad. Lo más probable es que hayamos evolucionado hacia un sistema de monogamia en serie, con parejas unidos durante el tiempo necesario para procrear y cuidar de los hijos hasta que puedan caminar con sus propias piernas. Hay indicios de ello.

En el mundo primate, si existe una gran diferencia de peso y tamaño entre machos y hembras, es señal de que un único mono fecunda las monas de la manada y utiliza la agresividad para defenderse de los competidores. Si la diferencia es pequeña o no existe, los simios tienden a aparearse a los pares.

Gorilas machos llegan a tener el doble de la altura y del peso de las hembras. Ellos viven como sultanes. Ya los pequeños uicn, similares en la masa corporal, forman parejas fieles. Los hombres son, en promedio, sólo el 8% y el 20% más pesados que las mujeres, por lo que hay una tendencia de unirse en parejas.

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Ok, pero los monos no tienen nada que ver con nosotros… En realidad, tienen sí. “Hasta hace unos 2 millones de años atrás, la diferencia de tamaño entre las hembras y los machos humanos era muy grande, de la misma manera como sucede con los grandes primates. Esto sugiere una organización social similar a la de un mono, en el que los machos tenían que competir ferozmente para el acceso a las hembras, y los machos no cooperavam entre sí ni para el sustento ni para cuidar a las crías”, me dijo el paleoantropólogo estadounidense Richard Klein, de la Universidad de Stanford. “Hace más o menos 2 millones de años, hubo una fuerte reducción en la diferencia de tamaño entre los sexos, lo que generalmente es interpretada como el inicio de la organización social característicamente humana, en la que existe una conexión entre macho y hembra por el tiempo suficiente para criar un hijo. Ellos también pasaron a apoyar unos a otros económicamente.” Klein explica que la proporción más equitativa de tamaño se dio principalmente porque las hembras tuvieron un crecimiento mucho mayor que el de los machos. “Tal vez para permitir que ellos pudieran ampliar la participación en la búsqueda de alimentos, con menor riesgo.”

Este avance anatómico puede indicar que, cuando la crea gana cierta autonomía, hembras también estarían liberadas para buscar otros socios. Un estudio global de la Organización de las Naciones Unidas mostró que el número de divorcios aumenta después del tercer año de la unión y alcanza su apogeo en el séptimo. Justamente el tiempo necesario para criar y acompañar a un hijo hasta que él gane cierta autonomía. La independencia femenina derogó la figura de la mujer celosa que se queda en casa y el marido traidor que trabaja hasta más tarde. Hoy, ambos están sujetos a ataques de celos y a las oportunidades para encontrar otras camas.

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Las causas de los celos y la traición no sólo son evolutivas. Las cuestiones socioculturales pesan bastante. “Existe una sobrevaloración de la belleza y del estatus femenino. Y las mujeres pasaron a sentir celos de otras que, en la visión de ellas, tienen buena apariencia o han logrado una mejor posición en el mercado de trabajo y, por eso, despertariam el deseo del compañero”, dice la psicoterapeuta Ana Gabriela Andriani. Ya para los hombres, la tendencia es que vean como amenaza a aquellos que parecen ser más capaces de satisfacer a la mujer, o parecen más masculinidad o por tener poder. “Los celos, es miedo a perder, es la inseguridad. Quién no está bien resuelto puede desarrollar sentimientos de posesión y dependencia en relación al otro y querer supervisarlo, más aún con toda la tecnología que facilita el control”, afirma Ana. El límite? “En los niveles más altos, el cuadro se vuelve patológico. El causante de los celos deja de ser alguien en específico y pasa a estar en cualquier cosa que despierte el interés del socio. El pensamiento recurrente es ‘Él (o ella) no puede ser feliz sin mí’.”

Si una pareja se encuentra junto durante semanas, años o para siempre y te traiciona o no, depende de muchos factores. Ahí en el medio donde entran los sentimientos, la razón, las creencias, los valores. Lo que es cierto aún es que, cuando una relación termina, me duele hasta en el alma. Vamos a enfrentar el próximo capítulo.

Este post es un fragmento de El Libro Prohibido del Sexo, de Marcia Kedouk (editado por el SUPER y disponible aquí).