¿Indulto para Alberto Fujimori?

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fujimori ¿Indulto para Alberto Fujimori?

Alberto Kenya Fujimori Fujimori no es un preso cualquiera, un reo del montón. Tampoco la cárcel que ocupa es una cárcel cualquiera. En este cómodo recinto a la medida pasa sus días twiteando, pintando, sembrando flores en su jardín, leyendo y escribiendo. Convengamos en que eso no es una cárcel, no una peruana claro está, se asemeja más bien a una casa de retiro, a un centro geriátrico donde difícilmente diríamos que purga condena.
Desde ese bien acomodado lugar donde goza de televisión y baño propio e impecable, donde tiene cocina equipada, una cómoda cama clínica, y muebles para recibir a sus numerosos visitantes se pronuncia siempre que le apetece o lo considera necesario para su beneficio, dando arengas a sus seguidores, consejos al gobernante de turno y más frecuentemente proclamas en las que se sigue atribuyendo el haber sido el hombre que salvó al Perú, o como el mismo dice, el arquitecto de la democracia.
Se sabe que en campaña fujimorista, tanto en la última como en la que perdieron ante Humala y su proyecto nacionalista llegó a recibir docenas de visitas al día, sin mayor restricción ni prohibición, como quien visita a un amigo en una clínica u hospital, como quien llega a tomar el té a casa de un conocido que no puede salir a vernos.

Este ex presidente, el mismo que se atribuye todos los logros pero se excusa pobremente cuando se le recuerdan todos los delitos, no errores, cometidos en sus casi once años en el poder, esta especie de héroe oriental llegado del Imperio del sol naciente, es el mismo que un día hace ya años montó una aparatosa y mediática búsqueda por Lima a bordo de una camioneta pero no de su siamés “el Doc” sinó de las maletas llenas de vídeos y de oro y efectivo que su ex asesor escondía como seguro de vida. Este mismo señor que vendió la fábula de haber nacido en este país un patriótico 28 de Julio, enrumbó a la cumbre del APEC en Brunei y vía fax (el whatsapp no existía aún o nos habría enviado uno para dejarnos luego en visto ad infinitum) renunció a la más alta designación a la que puede acceder un ciudadano, la presidencia nada menos, como quien renuncia a un empleo a distancia sin tomarse la molestia de hacerlo en persona, como quien no considera necesario dar la cara.

Ya liberado del cargo y establecido orondamente en el más exclusivo barrio de Tokyo, Japón, intentó granjearse la aprobación de la comunidad nipona disertando sobre gobernabilidad y democracia, sobre terrorismo y economía, pretendiendo venderse como un estadista renombrable, como un político de bien. Sin embargo la comunidad internacional, que nada le debía siempre actuó con recelo dado que aquí el país era un desfile de personajes con su videotape bajo el brazo, exponiendo lo más bajo y podrido del accionar durante su gobierno. El Perú y el mundo vió como militares, políticos, jueces y fiscales, empresarios, dueños de canales y diarios eran sometidos y comprados poniendo el honor en el retrete y las manos al frente para recibir fajos de dinero   repartido como si se tratara  de una partida de Monopolio.

Desdeñando su pasado como presidente postuló al Senado japonés, habiendo previa y convenientemente adoptado la nacionalidad japonesa, pero no obtuvo los votos necesarios así que tuvo que recular e intentar una estrategia nueva. Fué ese desdén asombroso y esa sensación de victoria impune lo que lo llevaría a aproximarse hasta el sur, hasta Chile precisamente, pensando seguramente que nuestros vecinos con quienes la rivalidad histórica nos une no se comprarían el pleito y no se atreverían a detenerlo. Grave error de cálculo. Chile no sólo lo detuvo ni bien puso un pie en su territorio, lo procesó y deportó con celeridad. Es gracias a ese correcto proceder de las autoridades chilenas que Alberto Fujimori, “el Chino”, se encuentra hoy detenido, sentenciado justamente por un poder judicial distinto al que el sometió y a través del cual persiguió y hostigó a todo el que intentara investigarlo u oponérsele.

Hay más de setenta mil presos en el Perú la inmensa mayoría viviendo un presidio denigrante, abusivo, corrupto. A diferencia de Alberto Fujimori Fujimori, no gozan de privilegios, no disfrutan de cárceles doradas. Los que si pueden hacerlo curiosamente son los delincuentes más poderosos, los que tienen al igual que el chino los recursos, los contactos dentro del sistema corrompido y sobre todo el cuajo para vivir como pequeños señores feudales en esa jungla que es la cárcel.

Es requisito para obtener la libertad el cumplir con pagos de reparación civil, cosa que Fujimori no ha hecho, el arrepentimiento cosa que jamás ha evidenciado, demostrando muy por el contrario que puede presionar desde su encierro y amenazar la institucionalidad del Estado una vez más. Miles que cumplen sentencia adolecen de algún mal y deben conformarse con una visita al tópico y esperar.
Incluso en casos de enfermedad terminal es obligatorio el trámite y la espera por un indulto que a veces nunca llega o llega muy tarde.

Quienes lo defienden esgrimen todo el tiempo el argumento de su popularidad. Muchos dictadores como Mussolini, Stalin o Hitler también gozaron de amplia aprobación popular y terminaron por registrar sus nombres oprobiosamente en las páginas de la historia.
Siendo que el nuestro no es precisamente un país culto, siendo nuestra sociedad inmadura y reacia a aprender de sus errores, no tomaría como argumento definitivo o convincente el que goce de tanto arraigo en esas masas incultas, condescendientes con la corrupción y la delincuencia, esas que viven añorando épocas de represión y desapariciones, de escuadrones de la muerte y violaciones de derechos en nombre del crecimiento económico.

Que pague por los crímenes (incluyendo su reparación civil), que purgue condena por los delitos cometidos, que pida perdón y luego presente su solicitud de indulto.