El pueblo de Mozambique, se teme radicalismo islámico oculto en los bosques

0
40

S. K. LO / Flickr

b4ZrhW El pueblo de Mozambique, se teme radicalismo islámico oculto en los bosques

Cerca de treinta hombres enmascarados atacaron durante tres días estaciones de policía en el norte de Mozambique, levantando las sospechas sobre las actividades de al-Shabaab, un grupo extremista islámico somalí, en el país.

César da Silva, jefe de un pueblo de los alrededores de Montepuez, en el norte de Mozambique, ha perdido de vista el 30 personas de la comunidad, incluyendo las parejas con hijos, que en el último año cambiaron la población por parte incierta, en la selva.

Eran familias musulmanas, pero con hábitos diferentes a la mayoría, describe. “Ellos vestían pantalones cortos, ellas andaban siempre cubiertas” y cuando hablaban con los vecinos, consideraban ser los guardianes de la forma correcta de rezar y practicar el Quran.

Nadie dio explicaciones a la hora de salir de la aldea, llamada Unidad B, y “sólo después de algunos meses” ha llegado el relato de que estaban a decenas de kilómetro hacia el este, cerca de Nanhupo, en el monte, en un supuesto de “entrenamiento”.

A hacer entrenamiento para qué? Hasta el día de hoy no sabemos lo que han estado haciendo por allí”, señala César da Silva, líder de una comunidad con 3.700 personas que vive en medio de la meseta, en casas de adobe, lejos del asfalto y del hormigón. La situación motivó, en la altura, encuentros entre diferentes líderes religiosos.

Saide Bacar, líder musulmán regional, señala este y otros testimonios como indicio de actividades de radicalización, venidas del exterior y a correr lejos de la mirada de los demás.

“Hay personas que huyeron de allí y que nos han proporcionado datos sobre lo que pasa: iban para integrar el grupo, pero cuando allí llegaron no encontraban la religión, pero tráficos y matanzas”, refiere.

El dinero sirve para arregimentar mozambiqueños “que no estudiaron”, que viven en “pobres y hambrientos” – un movimiento que Bacar hace responsable por el ataque armado de la última semana a los puestos de policía de Distrito y de la Playa.

De acuerdo con los relatos de los residentes, los atacantes mostraron señales de afiliación musulmana (palabras de orden y vestidos) durante los enfrentamientos que paralizaron la ciudad costera de la provincia de Cabo Delgado, durante dos días, y que provocaron 17 muertos – dos policías, un civil y 14 atacantes, según datos de la policía.

En el día en que los tiroteos irrumpieron en el Distrito, una de las parejas que había dejado la Unidad B volvió a la aldea, se refiere a César da Silva – pero al tomar conocimiento de lo que pasaba en la punta norte de la región, volvió a desaparecer.

Saide Bacar es representante en la provincia del Consejo Islámico en Mozambique, una de las congregaciones musulmanas del país, y que relata otro episodio ocurrido en el año 2016, cuando expulsó de su mezquita, en Montepuez, un grupo de jóvenes, que lo acusó de no ser un buen practicante.

se Presentaron como seguidores del Islam, pero el encuentro ha salido mal. “Comenzaron a atacar a nosotros porque nos reunimos con el gobierno, por condiciones hijos en la enseñanza oficiall” y el respeto por las instituciones del Estado.

“Tuve que expulsar”, destaca, en la secuencia del método que se repitió en otras mezquitas, llevándolo a tomar una posición.

El 15 de junio del último año, Saide Bacar emitió una circular para los cinco distritos del sur de Cabo Delgado (Montepuez, Balama, Namuno, Chiure y Ancuabe), alertando la presencia de un grupo de presuntos islamistas en la región, que decían predicar la moral, pero en la que se pedía a las comunidades que observaran los principios que el dirigente considera ofensivos.

Amputai el ladrón y apedrejai el adúltero y adultera hasta la muerte y que el miedo al gobierno, no os impida cumplir la pena”, fue uno de los principios divulgado, citado en la circular como parte del mensaje que tiene varias referencias a la insurgencia contra el Estado.

“No içai la bandera y ni participai en los eventos nacionales”, fue otra de las orientaciones escuchada por quien se cruzó con el grupo en lugares de culto, se refiere en el documento.

Saide Bacar se queja de las autoridades mozambiqueñas: me gustaría que fueran más activos frente a los signos de la presencia de radicalismo.

En el último año, el líder musulmán confrontó en Montepuez uno de los extranjeros que se asocia a los ataques de la predicación, un ciudadano de Gambia que se limitó a decir que estaba “a cumplir su servicio”, relata. “Creo que todavía anda por ahí”, a predicar por la región.

Ellos no tienen mezquitas, introducen en las que ya existen, pero cuando son identificados como un grupo radical, desaparecen”, añade.

Una semana después de los enfrentamientos en el Distrito de la Playa, Saide Bacar teme que este foco de tensión en el norte de Mozambique aún no ha desaparecido y reafirma la frase con la que terminó la circular que distribuyó en julio de 2016: “corresponde a las autoridades tomar medidas”.